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Pierrini dejó el cargo por motivos personales y será reemplazado por el arquitecto Fernando Herrmann, con trayectoria en infraestructura y gestión.
El secretario de Transporte de la Nación, Luis Pierrini, presentó su renuncia al cargo este miércoles aduciendo motivos personales por lo que desde la cartera que maneja Luis Caputo se movieron rápido para encontrar al reemplazante. Quien ocupará el cargo es el arquitecto Fernando Herrmann.
El ministro de Economía, Luis Caputo, desde Davos (Suiza), agradeció el compromiso y la labor desarrollada por el mendocino Luis Pierrini durante su gestión al frente de la Secretaría, según el comunicado publicado en la web del Palacio de Hacienda.
En su reemplazo, comunicaron desde la cartera, asumirá como nuevo secretario de Transporte el arquitecto Fernando Herrmann, quien “cuenta con una sólida trayectoria profesional vinculada al desarrollo de obras de infraestructura y a la gestión del sector”.
Según su currículum, Fernando Herrmann es arquitecto, egresado de la Universidad de Belgrano, con orientación en sistemas constructivos especiales, y posee un Executive Master en Administración de Empresas (EMBA) del Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE).
Asimismo, a lo largo de su carrera se desempeñó como docente en diversas instituciones académicas, entre ellas la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Federación Argentina de Universidades Privadas (FAUP).
Con información de Noticias Argentinas
JIB

Un operativo de la Policía de la Ciudad y fuerzas federales dispersó con golpes y gases la movilización semanal de jubilados. Hubo personas heridas y asistidas por el SAME.
La movilización de los miércoles de jubilados volvió a ser dispersada por la fuerza este miércoles frente a la Auditoría General de la Nación (AGN), a pocos metros del Congreso.
El operativo, a cargo de la Policía de la Ciudad con apoyo de fuerzas federales, incluyó uso de palos, escudos y gases, y dejó varias personas heridas, entre ellas una mujer que se descompensó y un jubilado trasladado por el SAME tras recibir gas pimienta en el rostro.
Según testimonios reflejados por moviles televisivos, el conflicto se inició cuando efectivos intentaron demorar a un acompañante terapéutico que se encontraba en la protesta. La concentración no superaba las 50 personas y se desarrollaba sobre una vereda lindera al Palacio Legislativo.
Videos difundidos por C5N registraron el momento en que un agente empujó a un jubilado que caminaba con muletas, provocando su caída.
Tras ese episodio, el efectivo se refugió dentro del edificio de la AGN. Cuando otros manifestantes se acercaron a reclamar por lo ocurrido, un grupo de choque avanzó sobre la protesta y comenzó la represión.
Durante el operativo, jubilados y acompañantes fueron asistidos por quemaduras e irritaciones provocadas por los gases. “El pueblo tiene que salir a manifestarse, esto no da para más”, dijo un jubilado en uno de los videos difundidos por el canal de televisión.
La protesta se inscribe en un marcado deterioro de las jubilaciones: según el CEPA, en el último trimestre de 2025 los haberes quedaron por debajo del nivel de la gestión anterior —2,3% sin bono y 16,8% con bono— y la jubilación mínima alcanzó en diciembre $340.886, aunque con la fórmula previa habría sido 27,4% más alta.
El informe advierte que la movilidad atada al IPC impide recuperar poder de compra, en un contexto de bono congelado desde marzo de 2024 y del veto presidencial a una ley que buscaba mejorar ingresos y ampliar derechos previsionales.
Aunque el Presupuesto 2026 prevé un aumento real del 6% para las jubilaciones, la Oficina de Presupuesto del Congreso advierte que, si el bono sigue congelado, la mínima caería 1% en términos reales y el resto de los haberes subiría 2,2%, siempre que se cumpla la inflación proyectada.
En ese contexto, las marchas de los jubilados, que se repiten cada miércoles, expresan el reclamo por ingresos insuficientes y denuncian el uso de la fuerza frente a protestas que definen como pacíficas.

Fue una de las figuras civiles del aparato represivo del terrorismo de Estado y recibió una condena en el marco de los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Raúl Antonio Guglielminetti, exagente civil de inteligencia y uno de los nombres asociados al aparato represivo de la última dictadura militar, falleció este martes a los 84 años.
Guglielminetti tuvo un rol activo en los servicios de inteligencia durante el terrorismo de Estado y fue señalado por su participación en el funcionamiento de Automotores Orletti, uno de los centros clandestinos de detención que operó como base del Plan Cóndor. Allí se cometieron secuestros, torturas y desapariciones de militantes políticos argentinos y extranjeros.
Tras el regreso de la democracia, su figura volvió a cobrar notoriedad por su vinculación con estructuras de inteligencia y por su presencia en distintos episodios judiciales y mediáticos. Con el avance de los juicios por crímenes de lesa humanidad, fue procesado y condenado a 20 años de prisión por delitos vinculados a la represión ilegal, en el marco de las causas que investigaron violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
Su nombre quedó inscripto en la historia argentina como parte del entramado civil y militar que sostuvo el accionar represivo del Estado entre 1976 y 1983.
La visita de diputados y diputadas de La Libertad Avanza a represores condenados por delitos de lesa humanidad detenidos en la Unidad Penal de Ezeiza, el 11 de julio de 2024, fue uno de los episodios, entre otros, más controvertidos del Gobierno de Javier Milei. El escándalo tomó gran dimensión con la difusión pública de la fotografía que registró el encuentro y que quedó como testimonio de una escena inédita desde el retorno de la democracia.
La imagen mostraba a representantes del oficialismo compartiendo un espacio institucional con responsables del terrorismo de Estado. Entre ellos se destacaba la presencia de Raúl Guglielminetti cuyo nombre está asociado al funcionamiento del centro clandestino Automotores Orletti.
El escenario del encuentro fue un salón del penal, con una cruz y figuras religiosas como telón de fondo. En el centro de la escena aparecía la diputada Lourdes Arrieta, sonriente y con un tapado naranja que resaltaba en la imagen, pese a haber afirmado luego que desconocía la identidad de algunos de los represores, entre ellos Alfredo Astiz.
Astiz, uno de los principales responsables del terrorismo de Estado, se ubicaba al fondo del grupo, casi oculto en la foto, pero identificable.
También se distinguía al diputado Beltrán Benedit, señalado como el organizador de la visita, con gesto serio y ubicado en una posición central. Junto a Guglielminetti aparecían otros represores condenados, como Mario “el Cura” Marcote, Miguel Britos, Honorio Martínez Ruiz, Adolfo Donda, Marcelo Cinto Courtaux, Julio César Argüello, Juan Manuel Cordero, Gerardo Arráez, Antonio Pernías y Carlos Suárez Mason (hijo), completando una postal que reavivó el debate sobre la legitimación política de los crímenes de la última dictadura y el rumbo de las políticas de memoria, verdad y justicia.

Marino Antonio Mendoza salió del Helicoide tras más de un año preso por asistir a opositores refugiados en la sede diplomática en Caracas. Su liberación se da en un contexto de reclamos internacionales por los presos políticos y mientras otros ciudadanos argentinos continúan detenidos en Venezuela.
Identifican a otro argentino detenido en Venezuela y Patricia Bullrich habla de un “subregistro de presos”
El chofer de la Embajada argentina en Venezuela, Marino Antonio Mendoza, fue liberado este miércoles luego de permanecer 13 meses en cautiverio en el Helicoide, la cárcel para presos políticos que se transformó en un símbolo de la represión en ese país. Así lo informó la dirigente y activista venezolana Elisa Trotta, quien reside en Argentina.
El 12 de diciembre de 2024, Mendoza había sido apresado por las fuerzas del régimen de Nicolás Maduro cuando intentaba llevar víveres a los dirigentes de la oposición –cercanos a María Corina Machado– que se habían refugiado en la embajada argentina en Caracas. Su detención se produjo pocos días después de otro encarcelamiento vinculado a Argentina, el del gendarme Nahuel Gallo, quien aún permanece preso en Venezuela en la cárcel de El Rodeo.
La liberación de Mendoza se produce mientras continúan los reclamos por la liberación de los presos políticos, tanto de los organismos de derechos humanos como la propia Organización de las Naciones Unidas. Se estima que solo el 10% de los más de 1.000 detenidos fue liberado hasta ahora desde que el gobierno de Donald Trump invadió el país y secuestró a Nicolás Maduro.
Mendoza, quien cumplió sus 40 años en prisión, fue acusado por el régimen de Maduro de cinco delitos, entre ellos traición a la patria y terrorismo. Al conocerse su detención, la cancillería argentina calificó el hecho como “una violación flagrante e inaceptable de las normas internacionales”.
Además de Nahuel Gallo, todavía esperan ser liberados los ciudadanos argentinos Roberto Baldo, un empresario cuya esposa de nacionalidad venezolana-española también permanece arrestada; el abogado Germán Giuliani; y Gustavo Gabriel Rivara, presuntamente detenido también en El Helicoide. El lunes pasado fue liberado el ciudadano argentino-israelí Jacob Harari.

Después del discurso de Donald Trump, el Presidente ofreció una exposición cargada de referencias teóricas y definiciones morales, en la que defendió al capitalismo y volvió a usar a Venezuela como ejemplo de fracaso.
El discurso de Javier Milei en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 llegó después de la exposición de Donald Trump y funcionó como una pieza complementaria, aunque con un tono propio, más conceptual y explícitamente doctrinario. A diferencia de los años anteriores, en que sus dardos fueron concretos y teledirigidos, esta vez el Presidente se movió en un terreno más teórico, aunque dejando en claro que no iba a limitarse a una defensa técnica de su programa económico. “Maquiavelo ha muerto”, lanzó como frase inaugural, en una apelación directa a la discusión ética sobre el poder, la política y los fines del Estado.
A partir de allí, Milei estructuró su intervención como una reivindicación de los valores occidentales y una crítica frontal al socialismo, no solo como modelo económico sino como cosmovisión moral. “Solo los principios éticos subyacentes de la cultura occidental pueden funcionar como criterio. Resulta inadmisible sacrificar la justicia en el altar de la eficiencia”, sostuvo, antes de retomar una idea que ya había planteado en ediciones anteriores del foro. “En 2024 afirmé que Occidente estaba en peligro. El socialismo siempre termina mal”, insistió.
En ese marco, volvió a utilizar a Venezuela como ejemplo extremo de los efectos de ese sistema. Milei habló de los “daños aberrantes” provocados por lo que definió como una “narcodictadura” encabezada por Nicolás Maduro, cuyos “tentáculos se expandieron por todo el continente”, y advirtió que las políticas socialistas “engañan a personas nobles y bellas”, pero conducen inevitablemente a la degradación institucional, económica y moral.
La defensa del capitalismo ocupó entonces el núcleo conceptual de su mensaje, pero con un giro distintivo. Para Milei, no alcanza con exhibir resultados macroeconómicos o capacidad de generación de riqueza. “La defensa del sistema capitalista debe estar basada en su virtud ética y moral. No basta con que el sistema sea productivo: el capitalismo de libre empresa es el único sistema que es justo”, afirmó, en una definición que buscó correrse de la lógica meramente instrumental y presentar al mercado como un orden moral superior.
“Lo más responsable que pueden hacer los Estados respecto al tema es dejar de fastidiar a quienes están creando un mundo mejor”, sostuvo Milei, antes de reforzar la idea con un tono aún más directo: “Para decirlo más directamente: los políticos deben dejar de fastidiar a quienes están haciendo un mundo mejor”. La frase sintetizó una de las tesis centrales de su exposición: la desconfianza hacia la intermediación política y la reivindicación de la iniciativa privada como motor exclusivo del desarrollo.
Por último, el Presidente retomó su diagnóstico sobre la crisis de Occidente y lo enlazó con una lectura histórica de largo plazo. Recordó que en 2024 había advertido, en ese mismo escenario, que “Occidente está en peligro” por haber abrazado “dosis crecientes de socialismo en su versión más hipócrita, que es el wokismo”. Y que en 2025 había hablado de los “parásitos mentales” sembrados por la izquierda. Esta vez, sin embargo, dijo traer “buenas noticias”: “el mundo ha comenzado a despertar”.
Para Milei, la prueba más clara de ese giro es lo que “está pasando en América con el renacer de las ideas de la libertad”. En ese sentido, afirmó que el continente será “el faro de luz que vuelva a encender a todo Occidente” y que, de ese modo, saldará su “deuda civilizatoria”, en gratitud a las raíces de “la filosofía griega”, “el derecho romano” y “los valores judeocristianos”. “Tenemos por delante un futuro mejor, pero ese futuro mejor existe si volvemos a las raíces de occidente”, sentenció.
PL