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Entre el viernes y sábado la Casa Rosada acercó posiciones con el CIN para que haya un aumento del 21,3%. Busca firmar una tregua esta semana. Hay dudas sobre la deuda atrasada y las becas estudiantiles. Sigue en pie el reclamo judicial.
El Gobierno busca apurar un acuerdo con el sector universitario para cerrar un conflicto salarial y por fondos que arrastra desde hace más de un año y que tuvo su última expresión en la cuarta marcha federal masiva el pasado 12 de mayo. En los últimos días hubo un fuerte acercamiento entre la Casa Rosada y los rectores con un borrador que todavía es resistido por el frente gremial. Según supo elDiarioAR de al menos dos fuentes universitarias, la intención oficial es que se firme en las próximas horas.
La propuesta oficial es de un aumento del 21,3% salarial a partir de junio y un 3% desde octubre para los trabajadores docentes y no-docentes, así como 20% de suba en las partidas de funcionamiento, 50% para los hospitales universitarios y la misma cifra para las becas Belgrano, aunque no así para las becas Progresar. Entre los puntos también se plantea la creación de una comisión de seguimiento de la Ley de Financiamiento, votada en dos oportunidades por el Congreso y que el Ejecutivo llevó a la Justicia. Actualmente hay un amparo ante la Corte Suprema, que espera que haya una resolución política antes de fallar al respecto.
El acuerdo avanzó en conversaciones que ocurrieron entre el viernes y el sábado pasado. Del lado oficial el encargado es el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, mientras las universidades están representadas por el titular del Consejo Interuniversitario Nacional, Franco Bartolacci, rector de la universidad de Rosario. Este lunes están en agenda reuniones de las federaciones sindicales. El Gobierno quiere que se cierre entre este martes y el miércoles, pero no contempla que algunos gremios tiene sus propias deliberaciones internas –por ejemplo, Conadu Histórico tiene un congreso nacional el jueves–.
“La novedad es que el Gobierno propone que no sean acuerdos paritarios por sectores, sino que haya un acta única y general donde se incluya la parte salarial, las partidas para el funcionamiento y las subas en las becas”, planteó un dirigente gremial que consideró la propuesta oficial como “extorsiva”, porque el Ejecutivo asegura que tiene que firmarse por unanimidad entre la subsecretaría, el CIN, la FUA (federación de estudiantes) y los frentes sindicales docentes y no docentes.
La tensión sigue porque ya la Conadu formalizó un plan de lucha que incluirá un paro total de actividades desde el 16 al 20 de junio. El Gobierno, a su vez, había planteado que se retirara la demanda judicial a cambio abrir la billetera, pero esa exigencia no fue aceptada por las universidades. El viernes pasado la Corte Suprema rechazó un pedido libertario de recusación contra los jueces porque son docentes universitarios. “No tiene banca social correrse del camino judicial”, planteó un vocero de los rectores.
“Lo que proponen se aleja muchísimo de lo que establece la ley, pero entiendo que el acuerdo está encaminado porque tanto los funcionarios como los rectores quieren firmar ya”, comentó una de las fuentes consultadas. “Aunque está lejos de lo exigido, esto es un golpe al Gobierno”, consideró un dirigente estudiantil que sigue de cerca la pelea. “No es una negociación paritaria, sino que es política”, completó el gremialista consultado.
Uno de los puntos en desacuerdo es que la oferta del Gobierno del 21,3% es un punto intermedio a lo que establece la ley, una recuperación salarial de 45,6% en términos reales, por la inflación desde diciembre del 2023. Además no hay definición sobre la deuda atrasada por el salto devaluatorio de Milei apenas asumió, cuando los trabajadores perdieron 16 puntos.
Tampoco hay precisiones sobre las becas Progresar que actualmente alcanza a un millón de estudiantes con $35.000 mensuales. Distinto es el caso de las becas estratégicas Belgrano, de unos $81.000 pero con el cupo de 36 mil beneficiarios que cursan carreras de grado y pregrado en áreas consideradas críticas para el desarrollo del país.
Con la propuesta de aumento salarial del Gobierno los sueldos quedarían igualmente lejos del reclamo gremial: un ayudante de primera con dedicación simple llegaría a tener un aumento de poco más de $40.000 de bolsillo (pasaría de $250 mil a menos de $300 mil), mientras que un profesor adjunto con posgrado, 15 años de antigüedad y dedicación exclusiva pasaría de cobrar $1,5 millón a $1,8 millón.
MC

Más de 7 kilómetros de fila hicieron del velatorio de Carlos Solari uno de los mas multitudinarios en la historia del país. Hubo un operativo policial que no fue necesario. La familia ricotera se organizó para que todo transcurriera sin incidentes. El papel de Cristina Fernández y el adios a uno de los mayores ídolos populares. Aqui la crónica en coproducción entre Revista Anfibia y elDiarioAR.
Fotogalería - La despedida al Indio Solari, en fotos: emoción, respeto, homenajes y un eterno "gracias"
Una montaña de ofrendas crece bajo el féretro. Miles de camisetas de todos los clubes de fútbol. Banderas rojas, banderas negras. Remeras viejas, trapos gastados. Ramos de flores, atados de puchos por la mitad. Botellas. Bolsitas. Un médano construido por los cientos de miles que pasan por la capilla ardiente de Villa Domínico, Avellaneda, histórico polo industrial y hogar de trabajadores. Un lugar emblemático para la despedida. Y él siempre apuntó al pueblo con su antena. Lo que se ve en el montículo informe son retazos de vidas que se irán con Carlos Solari.
Hay cartas. Hay pañuelos de las Madres y Abuelas que dejaron los HIJOS. Y carteles. Uno dice “Nadie es capaz de matarte en mi alma”, evoca la canción Pabellón Séptimo, escrita para honrar a las víctimas de una masacre durante la dictadura en la cárcel de Devoto por el hombre que yace muerto allí. Verónica Sosa se conmueve al leer ese cartel entre el resto. Es su frase predilecta de la lírica de Indio. Su padre, Dante Sosa, fue masacrado en ese episodio, el más trágico de la historia carcelaria argentina. “Yo no era fanática suya. Y conocí el tema y me cambió todo”, dice. Su viejo era militante del ERP y fue uno de los más de 60 detenidos asesinados: “En los 90 me enteré que mi viejo no había muerto en un accidente, como mi familia me había hecho creer, sino que había sido en la cárcel; y no en un motín, sino en un crimen de lesa humanidad. Después, gracias a la abogada Claudia Cesaroni, fuimos al juicio. Y en ese período el Indio siempre nos acompañó, siempre nos mandaba mensajes. Por eso estoy acá, para darle las gracias”.
CEREMONIA EN LA TORMENTA
— Shok Argentina (@shokargentina) June 7, 2026
Cientos de miles de argentinos continúan despidiéndose del Indio Solari en Villa Domínico. pic.twitter.com/OcNnKJIgyn
Solari, guía hermético, autoridad moral, padre del misterio, profesor, ha muerto el viernes. Fue el sherpa de una comunidad. Mucho más que un hacedor de canciones. La noticia de su partida detuvo al país. Hubo un primer instante de silencio. Y luego el movimiento místico que supo construir activó sus resortes de duelo. Empezaron a sonar temas de Los Redondos y Los Fundamentalistas en las radios, en la TV, su voz tomó las ciudades desde las ventanas de las casas, de los autos, en las veredas y en las pizzerías y kioscos de los barrios. La consolidación de algo que será para siempre.
Hubo autoconvocatoria de la feligresía el viernes y también una especie de autogobierno el domingo, después de que el Gobierno nacional rechazara despedir a Indio en el Congreso por que no estaban dadas las condiciones de seguridad. Desde el Puente Pueyrredón hasta el Parque Domínico, en Avellaneda, la multitud mantuvo las cosas en orden, siempre entre la pena y la celebración de algo inexplicable. A la Policía casi no se la vio y nadie la necesitó. La gente usó un carril de avenida Mitre sin necesidad de vallas ni personal, al menos hasta los 600 metros finales los efectivos custodiaban el corte de la avenida, antes del José María Gatica.
A la infinita lista de objetos ofrendados por los peregrinos, bajo el cajón asomaba incluso una carpa iglú enrollada en su estuche cilíndrico. Alguien seguramente clausuró así años de peregrinaciones ricoteras, de entrega total al culto, alguien dejó aquí el refugio donde soportó lluvias, viento, resacas y rocío. En Mendoza, en Tandil, en Olavarría. Habrá cerrado algún círculo para abrir otra cosa.
Porque una nueva dimensión asoma en esta despedida ahora que Solari ya es una presencia total, parte de un misterio mayor que sobrevivirá a los tiempos. El mito crecerá. Un Gardel del nuevo siglo. Un Diego Armando Maradona de algo más que música que pocos pueden explicar. Una potencia popular como tal vez no exista en el mundo. ¿Quién puede mover multitudes así?
Lo sabe el treintañero que llora frente al féretro después de caminar horas. Se saca el gorro piluso ajado, se lo lleva a la cara, se aprieta contra él. Algo se rompe o nace en ese instante en el que se seca las lágrimas con el gorro, lo besa y lo lanza. Vuelan el sombrerito negro con la leyenda Patricio Rey en colorado hacia el cajón.
También Joel Lerzundi, que llegó desde un barrio de Bernal a honrar a Solari, que lo salvó cuando en ausencia de su padre y de su madre la vida de la calle lo llevaba hacia el lado oscuro. “Me crié prácticamente así, mi viejo laburaba todo el día y mi vieja tenía problemas y el Indio me rescató apenas escuché por primera vez ‘Tarea fina’. Cuando oí eso de ‘le das la copa, al fin, al vencedor’, tenía 12 años y sentí que me hablaba”, dice.
Joel otorga al ídolo ese poder redentor que el arte logra si cala en un instante, como un rayo. Joel, aquí, en el velorio de Solari, empuja el carrito con su bebita de menos de un año y Martina, su pareja. Es un vencedor entre los desahuciados, entre los rotos, esos que se sintieron hablados por Solari. Antes de despedirse avisa: “Ahora soy maestro pastelero”.
Y Diego Pignataro, de Gerl, 46 años, aterrizó anoche desde San Pablo, Brasil, donde vive hace década y media. El viernes sacó pasajes, quería estar e ir allí donde lo fueran a velar. El sábado, al llegar al aeropuerto de Guarulhos, se enteró de que sería en el Gatica, que la familia Solari, Máximo Kirchner y Axel Kicillof acordaron que se hiciera en Avellaneda (pudo ser Racing pero cancelada la chance el intendente Ferraresi finalmente propuso el Gatica). Diego volvió a Gerli y caminó la fila de ocho kilómetros desde su casa hasta el polideportivo. “No podía atravesar esta tristeza en soledad”, comentó ahí, en su lugar, con los pibes de siempre. “El Indio nos ponía la vara alta, nos elevaba esa necesidad de respetar. No lo veo como un padre, nunca lo vi así, pero sí lo veo como un profesor. En términos futboleros es como Bielsa. Cuando lo encarás, si no estás preparado, te comés un cachetazo cultural”, analiza. “El Indio nos enseñó a ir y volver de los conceptos, a usar la metáfora, el oxímoron —dice Diego—. Y eso llegó a Gerli, a mi barrio, el que se inunda, donde vivían los barras del Rojo, donde todos estábamos al borde de caer, pero esa orientación cultural de Los Redondos fue de profesor. Nos ponía a prueba, no era solamente chupar y drogarse en la esquina. Cuando nos decía ‘falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones’, nos estaba diciendo que nos cuidemos”.
La muerte de Solari abre un agujero negro de orfandad. Altera la dinámica elástica del tiempo. Es inevitable caer en la trampa de la nostalgia. Volver a la esquina, a los bordes de la botella mal cortada, a las mañanas tristes, a los viajes en bondi con los auriculares en Oktubre o Un baión. Tres o cuatro generaciones sienten el impacto y por eso se reúnen en Avellaneda. Para acompañarse, para estar. “Esta es la última misa”, reza Javiera Vela.
Solari, Patria y Familia. Como Gardel, Evita, Perón, Kirchner y Maradona. Javiera llegó desde Azul, en el sur bonaerense, pero no tiene ningún interés en ver el cajón donde descansa Indio. “Quería estar acá, entre nosotros”, sintetiza bajo la pantalla que, sobre Mitre, emite imágenes de la multitud al pasar por delante del cajón. “En el 97 fui a ver a Los Redondos por primera vez y sentí una cosa distinta. Me dieron felicidad. Me dieron motivación. Me dieron una hermandad. Las letras nos pegaban. El Indio, como el Diego, como Néstor o como Cristina, me cambiaron la forma de ver la vida. Ir a verlo era estar feliz. No importa tu clase social, por eso agarré el auto y me vine, por lealtad y para que Milei sepa que somos muchos y no estamos solos, que tenga cuidado”.
Carmela Martínez daba clases en la escuela de educación especial donde trabaja en Canelones, cerca de Montevideo, Uruguay, cuando leyó un mensaje de una amiga que le avisaba de la muerte del Indio. Apenas salió de su trabajo compró un pasaje en barco, cruzó el Río al otro día y llegó a Villa Domínico. “Allá tenía esa sensación de orfandad, no me podía quedar, tuve que venir. Se me fue el tipo que me cantaba a mí, el que al principio no entendía”, solloza.
El ánimo de los peregrinos salta enloquecido, es inestable, va de llantos a risas, de abrazos al pogo. Cada 10 metros un parlante estalla en un himno redondo y de ricota. “Todo un palo”, “Un ángel para tu soledad”, “Toxi taxi”, “Preso en mi ciudad”. Están los que brindan y los que bailan. Avenida Mitre es una pasarela de carnaval, un cambalache, algunos improvisan un asado sobre el asfalto y otros pintan frases o rostros de Solari con tizas de colores. Los árboles tienen hombres trepados. Los puestos de colectivos también. Un flaco agita una inmensa bandera con el 10 de Maradona. Es una fiesta pagana, una celebración de la eternidad a la que entró Solari. Como la de otros dioses de la mitología argentina, su muerte tiene una luz de mentira. Algo también nace.
AHORA | Una multitud autoconvocada despide al Indio Solari en la Plaza de Mayo. pic.twitter.com/I7rJqR5f9i
— Shok Argentina (@shokargentina) June 6, 2026
“El Indio nos explicaba el discurso” dice Nicolás Riquelme, rosarino de Central, “nos hizo pensar en el que tenés al lado, que es tu hermano, que no le tenés que pisar la cabeza, tu hermano es tu patria. El Indio es eso, y hoy el pueblo quiere llorar su patria porque el Indio le puso letra a cada lucha. Y la mecha está corta, en cualquier momento esto se prende fuego y el pueblo ricotero es un fuego, sostiene un ritual, que es el de encontrarse, como acá, esto es real, no los pajaritos libertarios”. Camina junto a su papá, Eduardo, cartero de 59 años, inoculador del virus ricotero en la sangre de su hijo. “Vi a los Redondos en los 80. A este le regalé la camiseta de Central y de los Redondos al mismo tiempo. Después creció y se me escapaba para ir a verlos, ¿qué le iba a decir?”. Ríen ambos. Riquelme padre continúa: “Es que el Indio nos dio elementos para saber oponernos al poder que nos oprime, como en ‘Nuestro amo juega al esclavo’, ‘Violencia es mentir’. Y ahora lo vivimos todos los días con esta gente y su ataque a los discapacitados, a los jubilados, a los informales. Hay que estar atento y escuchar lo que Solari tiene para decir”. Riquelme advierte así, en tiempo presente.
Avanza la fila y alguien incita a la multitud. “Indio no se murió, que se muera el peluca, la puta madre que lo parió”: grita y todos se suman y se contagian. El canto se extiende como una sombra sobre la fila. Una médica rosarina pregunta si es cierto que Kicillof y Máximo se volvieron a hablar para organizar el velatorio. Alguien al lado afirma, dice que leyó eso. Otro se ilusiona. Medio en voz baja, comenta: “¿Será que el Indio va a terminar ordenando este quilombo?”.
FS/MG

El Indio Solari murió este 5 de junio a los 77 años y el último adiós mostró la devoción de sus fans. Sus canciones atravesaron a varias generaciones que rindieron culto a la figura del ícono del rock. Las imágenes de una despedida conmovedora.
El homenaje al Indio Solari, en el Polideportivo Municipal José María Gatica de Villa Domínico, se mantuvo durante todo el domingo hasta la madrugada del lunes, bajo una intensa lluvia. Centenares de milles de fans se hicieron presentes en el predio de Avellaneda para despedir al ídolo.
Las fotos son de Noelia Marcia Guevara.

A las 6 de este lunes y bajo la lluvia, terminó oficialmente el último adiós al artista. La fila llegó a extenderse hasta por 70 cuadras.
A las 6 de la mañana de este lunes, la provincia de Buenos Aires confirmó lo que la lluvia ya había empezado a sugerir horas antes: el velatorio público de Carlos “Indio” Solari había llegado a su fin. La familia tomó la decisión de cerrar una vez que se retiraron los últimos asistentes que quedaban en las inmediaciones del Polideportivo José María Gatica, en el Parque de los Derechos del Trabajador de Villa Domínico, Avellaneda. “Al momento del cierre ya no se registraban personas esperando para ingresar”, informó la provincia. Dieciocho horas después de que se abrieran las puertas —a las 10 de la mañana del domingo, una hora antes de lo previsto por la presión de la multitud— y con las puertas físicamente cerradas desde las 4 de la madrugada, el pogo más largo de la historia ricotera terminó en silencio, bajo la lluvia.
La despedida fue descomunal desde el primer momento. La fila llegó a extenderse casi 8 kilómetros, rozando el límite con la Ciudad de Buenos Aires, con hasta 70 cuadras de cola sobre la avenida Bartolomé Mitre. Fanáticos de todo el país que habían pasado la noche del sábado en la vereda, bajo el frío y el rocío, entraron en orden y en paz al microestadio de 1.300 metros cuadrados donde estaba instalada la capilla ardiente con el cajón cerrado. Banderas de los Redondos, remeras de Oktubre, bombos y canciones acompañaron una vigilia que no tuvo precedentes en la historia del rock argentino.
El cierre lo puso la familia con un comunicado que ya circula como uno de los textos más emotivos que dejará el paso a la inmortalidad del Indio Solari. “Ya está. Todas y todos los que tuvieron la posibilidad de acercarse a despedirlo, lo hicieron. Ahora la lluvia nos manda a todos a casita, a seguir penando por dentro y a recordarlo como era: humano, infinito”, escribieron. Agradecieron a quienes viajaron desde lejos y a quienes lloraron “donde los sorprendió la pena”, y recordaron una frase que el propio Indio había dejado dicha: que las despedidas son “dolores dulces”. “Lo que no nos avisó fue que dolores dulces como estos iban a durar toda nuestra vida”, cerraron.
En el mensaje familiar hay un detalle que condensa todo el universo Solari: antes de morir, el Indio había dejado encendido el equipo Marshall de su guitarra y el equipo de sonido donde escuchaba las canciones en las que trabajaba. La familia lo interpretó como un gesto deliberado, una última instrucción sin palabras. “Pensó en todo antes de irse”, escribieron. “Nos sugirió, así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese.” Para alguien que construyó toda su obra sobre la idea de que el arte es más grande que quien lo produce, la imagen del amplificador encendido en el estudio vacío tiene la densidad de una canción de los Redondos. “Que su música no pare nunca más”, cierra el comunicado.
La provincia informó que el municipio quedó trabajando en el predio para restablecer las condiciones de limpieza y normalizar la circulación en la zona. Del otro lado, cientos de miles de ricoteros volvieron a sus casas con lo que se llevan siempre de los shows del Indio: algo difícil de explicar, fácil de sentir. Carlos Alberto Solari murió el viernes 5 de junio a los 77 años, de un ACV, en su casa de Parque Leloir. Dejó encendido algo mucho más que un amplificador.
MC

"Esto es una 'misa ricotera' y siempre va a perdurar. Acá en Argentina no hay otra cosa más grande que esto. Se nos fue el padre del rock, pero nos dejó esta música, la alegría, la unión y la gente. El Indio nunca va a morir", fue el testimono de uno de los fans que se acercó al predio de Villa Domínico donde se realizó el funeral del icónico músico. Los testimonos de un día de emoción, dolor y homenajes.
Miles de seguidores de Carlos 'Indio' Solari llegaron este domingo a Avellaneda para participar de la despedida pública del músico argentino, una ceremonia que congregó filas de más de siete kilómetros y en la que fue definido como “un músico para el pueblo”.
“Fue el único que pudo rebelarse contra todo este sistema y que pudo ser del pueblo. Fue un músico para el pueblo”, afirmó a EFE Nair Farías, una de sus seguidoras, durante la despedida del artista.
Más de siete horas después de la apertura del polideportivo José María Gatica, en la localidad de Buenos Aires, la fila para ingresar superó los siete kilómetros de extensión.
A medida que caía la tarde, miles de personas continuaban concentradas en las calles que rodeaban el predio, donde grupos de amigos y familias enteras compartían canciones, banderas y recuerdos del líder de la banda 'Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota'.
Mientras la fila avanzaba lentamente, bandas tributo interpretaban canciones del repertorio de Los Redonditos y mantenían vivo el clima de la llamada “misa ricotera”, el fenómeno cultural que durante décadas acompañó cada presentación del músico.
La convocatoria reunió además a seguidores llegados desde distintos puntos del país. Entre ellos estaba Karil Alarcón, quien viajó desde la provincia norteña de Salta, a casi 1500 kilómetros de Avellaneda.
“Vinimos porque sabíamos que esta era la última misa de nuestro querido Indio. No podíamos no estar acá. Es inexplicable lo que se siente, el dolor. Me tiembla el cuerpo. No puedo creer. El Indio es infinito”, dijo Alarcón a EFE.
Para Gonzalo Vega, otro de los asistentes, la despedida representaba la continuidad de una comunidad construida alrededor de la obra del cantante.
“Esto es una 'misa ricotera' y siempre va a perdurar. Acá en Argentina no hay otra cosa más grande que esto. Se nos fue el padre del rock, pero nos dejó esta música, la alegría, la unión y la gente. El Indio nunca va a morir”, subrayó Vega.
Martín Faguaga, quien viajó desde la ciudad costera de Mar del Plata -a más de 400 kilómetros -, aseguró a EFE sobre el artista: “Supo abordar un montón de situaciones, le habla al de arriba, le habla al del medio y le habla al de abajo. A los que venimos más de abajo nos enseñó muchas cosas. Vine a decirle gracias”.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el ingreso a la capilla ardiente de referentes de organismos de derechos humanos, entre ellos integrantes de H.I.J.O.S., Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que dejaron sobre el féretro tres pañuelos blancos, símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina.
La jornada transcurría sin incidentes y bajo un amplio operativo de seguridad y asistencia sanitaria desplegado por las autoridades bonaerenses.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, destacó -en una entrevista con el canal C5N- que la despedida se desarrollaba “en calma” y calificó la convocatoria como “algo muy fuerte”.
La familia del músico había anticipado que la despedida se extendería “hasta que haga falta” para permitir que todos los seguidores pudieran darle el último adiós.
Solari falleció este viernes a los 77 años a causa de un accidente cerebrovascular (ACV) hemorrágico, según determinaron los resultados preliminares de la autopsia.
EFE