Moron

Código Postal 1708

Noticias de Buenos Aires

Le inhabilitaron la licencia de conducir a Santiago Maratea tras subir un video manejando sin cinturón de seguridad

  • Lo definió la provincia de Buenos Aires después de un pedido de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
  • El influencer había grabado una historia en Instagram cuando estaba al volante.

Noticias de Buenos Aires

Datos personales, seguridad y vigilancia: cómo Milei allana el camino para el desembarco de Palantir en el país

Datos personales, seguridad y vigilancia: cómo Milei allana el camino para el desembarco de Palantir en el país

El encuentro con Peter Thiel se da en un contexto de acuerdos con EE.UU. para facilitar la circulación de datos, reformas en inteligencia, nuevas estructuras de análisis y centralización de información estatal. Especialistas advierten sobre los riesgos de vigilancia y falta de control.

La reunión de Javier Milei con el empresario tecnofascista Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies, se inscribe en un proceso más amplio que atraviesa distintas áreas del Estado: la reorganización del manejo de datos públicos con foco en seguridad, inteligencia y cooperación internacional.

El encuentro entre el mandatario y el magnate está alineado a una fuerte avanzada oficial para ampliar la disponibilidad de información estatal, fortalecer las capacidades de procesamiento y reducir las restricciones para su circulación internacional. Una serie de decisiones adoptadas por el Gobierno tiene una estrecha relación con el vínculo consanguíneo que Milei adoptó con los Estados Unidos de Donald Trump, de quien Thiel es un cerebro supremacista.

Palantir Technologies es uno de los principales proveedores globales de plataformas de análisis de datos para gobiernos. Sus sistemas permiten integrar información proveniente de distintas agencias, cruzar bases de datos y generar análisis predictivo en áreas como seguridad, inteligencia y defensa. Hoy una mega compañía de espionaje que trabaja con la CIA, el FBI y la NSA. Estuvo detrás de los operativos antimigratorios de la ICE. Y también está en Medio Oriente donde colabora con las fuerzas israelíes para identificar objetivos en Gaza. 

Hasta el momento no hay confirmación oficial de un acuerdo entre el Estado argentino y la empresa. Sin embargo, especialistas advierten que el marco que se está construyendo desde el Estado resulta compatible para el desembarco de la firma del magnate Thiel.

El Estado mileísta y los datos

El 29 de julio de 2024, mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial, el Ministerio de Seguridad creó la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a la Seguridad (UIAAS), orientada al análisis de grandes volúmenes de información mediante herramientas de inteligencia artificial. La iniciativa formalizó la incorporación de capacidades estatales para procesar datos a escala y generar patrones de comportamiento.

Más adelante, el 2 de enero de 2026, el Gobierno profundizó ese camino con la reforma de la SIDE a través del Decreto de Necesidad y Urgencia 941/2026. El nuevo marco amplió las obligaciones de los organismos públicos, que desde entonces deben producir y facilitar información al sistema de inteligencia. En términos operativos, la medida implicó una expansión significativa de las bases de datos disponibles para su análisis.

A ese esquema se sumó, en las últimas horas, un cambio en la estructura de control de información dentro del Poder Ejecutivo. Desde ayer Manuel Adorni pasó a tener injerencia sobre el Sistema de Identificación Nacional Tributario y Social (SINTyS). Es la red de datos más grande del Estado argentino: coordina el intercambio de información entre más de un centenar de organismos nacionales, provinciales y municipales, cruzando datos patrimoniales, tributarios y sociales de todas las personas físicas y jurídicas del país.

En paralelo, el Gobierno avanzó en el plano internacional. En febrero de 2026 se cerró el texto del acuerdo de comercio e inversión entre Argentina y Estados Unidos, que incluye el compromiso de reconocer a ese país como “jurisdicción adecuada” en materia de protección de datos personales. En la práctica, esto implica habilitar la transferencia de datos sin requerir mecanismos adicionales de resguardo, eliminando una de las principales barreras legales para el flujo de información hacia empresas radicadas en territorio estadounidense.

El acuerdo entre EE.UU. y Argentina.

La agenda bilateral en seguridad también se intensificó en las últimas horas, mientras Thiel entraba a la Casa Rosada. Este mismo jueves el ministro de Defensa, el militar Carlos Presti, recibió a una delegación encabezada por el subsecretario de Estado para el Control de Armas y Seguridad Internacional de EE.UU., Thomas DiNanno, junto al embajador Peter Lamelas. Según la comunicación oficial, ambas partes avanzaron en la ampliación de la cooperación en áreas como ciberdefensa, equipamiento militar y adiestramiento conjunto.

Ayer también la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, puso en marcha el Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado (CRIACO), orientado a coordinar el intercambio de datos entre países frente al avance del delito transnacional. La iniciativa busca integrar información vinculada al narcotráfico y otras economías ilegales a escala regional.

La acumulación de estas medidas —mayor disponibilidad de datos, nuevas capacidades de procesamiento, centralización de la información y flexibilización de su transferencia internacional— configura un cambio estructural en la forma en que el Estado argentino gestiona la información.

La mirada de expertos

Los cuestionamientos no son nuevos. En Argentina existen antecedentes recientes sobre el uso de tecnologías de vigilancia sin controles adecuados. El caso del Sistema de Reconocimiento Facial de Prófugos (SRFP), implementado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, derivó en una causa judicial impulsada por el CELS y el Observatorio de Derecho Informático Argentino (ODIA). La Cámara de Apelaciones porteña confirmó la inconstitucionalidad del sistema al considerar que fue gestionado por fuera de la normativa vigente y sin mecanismos de control.

Ese antecedente se vincula además con el caso de la empresa Clearview AI, cuestionada por la recolección masiva de imágenes de internet para alimentar sistemas de reconocimiento facial. A partir de ese tipo de experiencias, la red internacional International Network of Civil Liberties Organizations elaboró una serie de principios para regular o restringir estas tecnologías. Entre ellos, la necesidad de una ley específica, evaluaciones de impacto previas y mecanismos de control externo. Según especialistas, ninguno de esos requisitos estuvo plenamente garantizado en las implementaciones locales.

“Con la excusa de la persecución del delito, se montan estructuras que son en realidad de persecución política”, consideró a elDiarioAR Manuel Tufró, director del área de Justicia y Seguridad del CELS. “Hay una serie de riesgos estructurales que tienen que ver más con los problemas de Argentina en la incorporación de vigilancia. Porque estas tecnologías se adoptan sin ningún tipo de estudio previo ni discusión política más amplia sobre si son necesarias y para qué se van a usar. Nada pasa por el Congreso y son decisiones discrecionales del Poder Ejecutivo. Además hay una relación muy asimétrica entre la empresa y el Estado, que compra cajas negras y después no tiene posibilidad de exigir saber cómo funcionan esos sistemas”.

En la misma línea, el abogado y especialista en privacidad Ariel Garbarz advirtió sobre los riesgos de avanzar en esquemas de transferencia y procesamiento de datos sin controles adecuados, en un contexto de creciente injerencia de empresas tecnológicas en áreas sensibles del Estado. “Palantir no vende tornillos ni caramelos. Vende cruce masivo de datos, vigilancia, perfilado y poder. Te lo envuelven en palabritas como 'eficiencia', 'seguridad' e 'innovación', pero es control social sin precedentes con perfume de Silicon Valley”, escribió Garbarz. Y fue más lejos: “En un país saqueado, endeudado y entregado, una herramienta así puede terminar sirviendo para vigilar, clasificar y apretar ciudadanos, opositores, migrantes, pobres y cualquiera que moleste al poder de turno”.

Desde el oficialismo libertario buscan contrarrestar las críticas con una narrativa propia y dando pistas sobre el potencial desembarco de Palantir en la Argentina. Tras reunirse con Thiel días atrás, el asesor Santiago Caputo publicó un mensaje en su cuenta de X donde expresó que “Argentina necesita dar un salto cuántico en materia de seguridad nacional, aunque a los zurdos les dé taquicardia”. “El lugar de nuestro país en el nuevo orden mundial, gracias a la oportunidad que nos está dando nuestro Presidente, se definirá por su capacidad de proteger, defender y promover nuestros recursos estratégicos. Quien quiera oír que oiga”, cerró.

Caputo alentaba un mensaje difundido por Nicolás Promanzio, un libertario que tienen en el streaming Carajo un programa especializado en seguridad y defensa. Se llama “Línea roja” y analizó el lunes pasado el fenómeno de Palantir. “Drones = ataque + eficiencia + obtención de grandes volúmenes de información = necesidad de integración en software + implementación de IA para procesar datos = conciencia situacional full + plataforma para tomador de decisión. Todo lo que se desarrolle como tecnología militar tendrá, como lo fue siempre en la historia, un correlato tecnológico para uso civil que permitirá a las sociedades seguir evolucionando. Momento histórico viviremos en los próximos años”, tuiteó Promanzio.

Así, el Gobierno está dando claras señales de su acercamiento a las tecnologías de videovigilancia y cruce de información personal que ofrece el tecnofascista Thiel a través de su plataforma Palantir. Las decisiones adoptadas por la administración de Milei se inscriben en un marcado posicionamiento del Estado libertario para avanzar sobre la privacidad y la vigilancia.

MC

En medio de su visita a Milei, Peter Thiel compró una mansión de US$12 millones en Barrio Parque

En medio de su visita a Milei, Peter Thiel compró una mansión de US$12 millones en Barrio Parque

El cofundador de PayPal junto a Elon Musk, uno de los primeros inversores de Facebook y referente mundial del capital de riesgo tecnológico, mantiene afinidad con el presidente Javier Milei y sigue de cerca el rumbo económico local. Su patrimonio supera los 30.000 millones de dólares. La propiedad está ubicada en Dardo Rocha al 2900.

La compra de una de las residencias más exclusivas de la Ciudad de Buenos Aires por parte del mega empresario Peter Thiel sorprendió a todos: el magnate pagó 12 millones de dólares.

El cofundador de PayPal junto a Elon Musk, uno de los primeros inversores de Facebook y referente mundial del capital de riesgo tecnológico, mantiene afinidad con el presidente Javier Milei y sigue de cerca el rumbo económico local. Su patrimonio supera los 30.000 millones de dólares.

La operación —que se posiciona como un récord reciente dentro del segmento premium de la Ciudad— se cerró en torno a los 12 millones de dólares por una propiedad ubicada en Dardo Rocha al 2900, en el exclusivo barrio de Barrio Parque, también conocido como Palermo Chico. Se trata de una zona de alto valor histórico, baja densidad y oferta extremadamente limitada, donde cada propiedad posee características únicas. La casa queda justo enfrente de la mansión de Susana Giménez.

La vivienda que compró el magnate fue sometida a una modernización integral por sus dueños anteriores. La intervención incluyó materiales de alta gama —varios importados— con foco en cocina, baños y áreas de recepción, elevando significativamente su estándar constructivo.

Hasta hace poco, la alquilaba el financista Juan Ball, quien vive la mayor parte del año en Estados Unidos, por un valor cercano a los US$15.000 mensuales, de acuerdo a lo que averiguó el diario La Nación.

Una residencia de gran escala y diseño cuidado

La casa cuenta con aproximadamente 1.600 metros cuadrados cubiertos, una dimensión poco habitual incluso dentro del segmento de lujo en la ciudad. Su diseño responde al esquema clásico de las grandes residencias, con una clara división entre áreas sociales, privadas y de servicio.

La casa que compró Peter Thiel tiene 1600 m2 y seis dormitorios.

En la planta baja, dispone de doble acceso, un amplio living, escritorio, comedor formal y un sector destinado a platería y vinos. La cocina, integrada visualmente con el jardín, se conecta con espacios de recepción amplios y de circulación fluida.

Uno de los puntos más destacados es una imponente escalera de mármol que articula los distintos niveles. En la planta superior se distribuyen seis dormitorios en suite, además de un escritorio adicional y áreas de servicio como lavadero.

La propiedad también incluye una cava de vinos —cada vez más valorada en el segmento premium— y una amplia terraza con vista al jardín, reforzando la conexión entre interior y exterior.

Desde lo estético, la vivienda conserva detalles originales, pero suma una impronta moderna, minimalista y elegante. La combinación de materiales nobles con equipamiento contemporáneo configura un producto alineado con las exigencias del mercado internacional.

La operación no solo marca un hito por su monto, sino que vuelve a poner en el radar global al segmento más exclusivo del real estate porteño, en un contexto donde inversores de alto patrimonio vuelven a mirar a la Argentina como destino posible.

Con información de NA.

Milei recibió en la Casa Rosada al magnate tecnofascista Peter Thiel, CEO de Palantir

Milei recibió en la Casa Rosada al magnate tecnofascista Peter Thiel, CEO de Palantir

El encuentro con el millonario de Silicon Valley se dio en un clima de fuerte hermetismo tras la censura del Gobierno a los periodistas acreditados. Thiel ya se había reunido con el asesor Santiago Caputo, que habló de un la necesidad de un “salto cuántico” en seguridad nacional.

“El presidente Javier Milei, junto al canciller Pablo Quirno, recibió en Casa Rosada al empresario Peter Thiel”. Con ese escueto comunicado el Gobierno informó sobre la reunión del mandatario con el magnate tecnofascista CEO de Palantir. Del encuentro no hay más información oficial, ya que este mismo jueves se prohibió el ingreso de los periodistas acreditados a la sala de prensa de Balcarce 50.

Thiel está en el país desde hace varios días y tiene un aceitado vínculo con el Gobierno. Ya se había reunido con el asesor Santiago Caputo, que habló de un la necesidad de un “salto cuántico” en seguridad nacional. La empresa Palantir ofrece servicios de inteligencia artificial y cruce de datos a agencias de inteligencia y seguridad de países como Estados Unidos e Israel.

Thiel está considerado uno de los intelectuales más influyentes de la derecha de las últimas dos décadas. Palantir es hoy una mega compañía de espionaje que trabaja con la CIA, los estados federales a quienes ayuda a vigilar a sus ciudadanos y durante todos estos años ha hecho contratos con la práctica mayoría de los estamentos de seguridad de los Estados Unidos, incluida la propia CIA, el FBI y la NSA. Palantir también está en Oriente Medio donde colabora con las fuerzas israelíes para identificar objetivos en Gaza. 

El vínculo entre Thiel y Milei tiene antecedentes recientes. En mayo de 2024, el empresario ya había visitado la Casa Rosada junto a Alec Oxenford, actual embajador argentino en los Estados Unidos. En aquella oportunidad, según relató el propio Oxenford, el millonario estadounidense se mostró “impresionado” con las ideas del Presidente y las consideró relevantes a escala global.

En el Gobierno interpretan la visita de Thiel como una señal de validación internacional en un momento en el que buscan posicionar a la Argentina como un polo atractivo para inversiones tecnológicas y como un aliado dentro de las nuevas discusiones globales. No se trata solo de captar capital, sino de integrarse a redes de influencia que exceden lo económico y se proyectan sobre el diseño de políticas públicas, especialmente en áreas como seguridad, inteligencia y manejo de datos.

El manifiesto y el reposteo de Caputo

La visita de Thiel coincide con un momento de particular activismo ideológico de Palantir. El 18 de abril de 2026, la cuenta oficial de Palantir en X publicó un texto de 22 puntos que resume la visión tecnopolítica de su director ejecutivo Alex Karp, titulado “The Technological Republic, in brief”. El texto fue reposteado por Santiago Caputo desde su cuenta personal, amplificándolo ante su audiencia argentina.

El documento, analizado en profundidad por la revista El Grand Continent —que lo calificó como un texto que los ideólogos neorreaccionarios presentan como “el plan para forjar un Occidente tecnofascista”— contiene tesis que merecen leerse con atención. El manifiesto plantea que “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso” y que la élite de ingenieros tiene “la obligación positiva de participar en la defensa de la nación”. Sostiene que “el hard power de este siglo se basará en el software” y que la cuestión no es si se fabricarán armas basadas en IA sino quién las fabricará y con qué fin.

MC

Peter Thiel: el cerebro supremacista de Trump

Peter Thiel: el cerebro supremacista de Trump

El estancamiento económico, reflexiona Thiel, es el Anticristo y esto es, a su juicio, lo que hoy representa Europa. También le pone nombre de mujer: Greta Thunberg. El magnate se reúne este jueves con el presidente Javier Milei.

Milei recibe al magnate Peter Thiel en la Casa Rosada y refuerza su vínculo con el poder tecnológico global

Vamos a comenzar por el final. El fin del mundo para Peter Thiel es el estancamiento, algo que percibe aún más peligroso que el Armagedón. El estancamiento económico, reflexiona, es el Anticristo y esto es, a su juicio, lo que hoy representa Europa. También le pone nombre de mujer: Greta Thunberg.

Cuando Thiel argumenta ralentiza los conceptos como si midiera el peso de las palabras en la reacción de su interlocutor. No duda, otea. No arriesga, administra las frases pero el lenguaje de su cuerpo lo traiciona y refleja el movimiento de cada pensamiento. Cuando Ross Douthat, en su podcast del Times, le pregunta por el control que ejerce Dios sobre la historia, Thiel, un profundo religioso, se agita e incómodo, interroga a su vez a Douthat, interesado en saber si está convirtiendo a Dios en un chivo expiatorio. Esto lo aprendió con René Girard. 

Hay que recordar que Thiel está considerado uno de los intelectuales más influyentes de la derecha de las últimas dos décadas. Alguien que observa que la historia vivió entre la Revolución Francesa y el Mayo del 68 una verdadera aceleración y que en los últimos cincuenta años está simplemente detenida: no pasa nada. Por supuesto que estas efemérides no son las que usa él, ya que los acontecimientos mencionados le producen irritación: prefiere señalar la llegada del hombre a la Luna como el final del crecimiento y la masacre de Charles Manson como el triunfo de los hippies y la madre de nuestra decadencia. 

Joan Didion percibió en aquel momento que el centro cedía, según cuenta en una crónica de Arrastrarse a Belén y en El álbum blanco, donde vibran los ecos entonces recientes de la masacre del clan Manson. Quizás ha muerto sin saber que un cryptobro, vecino de Los Ángeles, vio también allí un quiebre, pero que, muy lejos de ella, propone disolver el mundo como plan de restauración. 

¿Qué hace un magnate del Silicon Valley teorizando y liderando el supremacismo tecnológico desde la trastienda del gobierno de Donald Trump? Repetir lo que hacía en sus años de estudiante en el campus universitario cuando asumió el rol de intelectual hiperagresivo y fundó la revista conservadora The Stanford Review desde donde combatía, aun siendo gay, los planteos a favor de la diversidad. En aquellos años, señala Max Chafkin, autor de The Contrarian, una biografía no autorizada, que Thiel era también un defensor del apartheid porque, argumentaba, había permitido el alto desarrollo de Sudáfrica en comparación con los demás países africanos. Su padre fue ingeniero de minas en Namibia y el pequeño Peter crecía en una reserva de población blanca entre comodidades que contrastaban con las condiciones de vida esclavizantes de los trabajadores negros bajo las órdenes de su progenitor. Thiel nunca miró el mundo desde un costado. 

En Stanford conoce al pensador francés Rene Girard e inmediatamente se integra a su grupo de estudio. Girard es autor de la teoría mimética que postula que los deseos humanos no son innatos, sino que se forman a partir de la imitación de los demás. Aquello que moviliza al sujeto, sostiene, es la competencia con otro para obtener el objeto que desea: deseamos lo que desea el otro, le imitamos, lo cual nos lleva al enfrentamiento. Cuando la disputa pasa de lo personal a lo colectivo, hace falta un chivo expiatorio para resolver el proceso. Cristo, quizás, sea el más célebre.

Cuando años después se cruza con Mark Zuckerberg, quien le pide apoyo económico para su plataforma, Thiel atiende el hecho de que Facebook comenzó como Facemash en Harvard, que permitía a los estudiantes comparar sus fotos y elegir, es decir, desear, y expresarlo con un «me gusta» entrando en una competición virtual. El modelo le pareció un ejercicio práctico de la teoría de Girard. Esa epifanía le ha permitido ser actualmente socio accionista de Meta. 

Si bien Thiel se considera un discípulo de Girard, solo ha tomado de su sistema de pensamiento aquello que le permite proyectar el suyo. 

En 2004 Thiel establece claramente su punto de mira al pronunciar una conferencia ampliamente difundida y que sigue siendo el eje de su narrativa, El Momento Straussiano, en la que sostiene que los ideales liberales de la Ilustración —tanto el racionalismo como los derechos individuales y una economía consecuente con esos valores– son insuficientes para hacer frente a los peligros que plantean los adversarios impulsados por ideologías como la ley musulmana.

Thiel sigue ahora al filósofo clasista Leo Strauss, quien sostenía que la modernidad y la Ilustración erosionaron los mitos fundacionales que unificaban las sociedades. Plantea, entonces, un encuadre político que funcione al margen de los controles y equilibrios de la democracia representativa; un marco excepcional controlado por una vanguardia elitista que opere en la sombra, sin el lastre de la supervisión democrática. La sociedad necesita riesgo y disrupción, sostiene Thiel. Trump es riesgo y disrupción; el movimiento MAGA representa esos valores.

Peter Thiel habla durante el día de cierre de la Convención Nacional Republicana 2016, en el Quicken Loans Arena de Cleveland, Ohio.

¿Por dónde empezar? El peligro chino, el ambientalismo y la ley islámica son los obstáculos que hay que vencer. Thiel considera que en Europa el ambientalismo es una ideología que relativiza “la toma del poder comunista chino” y la ley islámica. El ambientalismo podría crear un estado totalitario mundial, afirma: “el poder verde es muy fuerte”. Esto configura el estancamiento total, según él, que llevaría al mundo a una especie de pueblos escandinavos en decrecimiento, que “tal vez serían como Corea del Norte; algo tremendamente opresivo”. 

Hay que tener en cuenta que quien dice esto, además de intelectual es un escualo financiero capaz de desplazar a Elon Musk de la dirección de PayPal mientras el dueño de X estaba de luna de miel en Australia y fundar con ese gesto una leyenda en Silicon Valey: la “PayPal Mafia” un sistema de networking con enlace a todos los estamentos del Silicon Valley y el poder de Washington. En el número de noviembre de 2007 la revista Fortune dedicó un amplio reportaje a este grupo integrado por Thiel y una docena más de emprendedores que en su día formaron el equipo de PayPal y, luego, su carrera los llevó a fundar o formar parte de la dirección de LinkedIn, Palantir, Affrim, Slide, Kiva, YouTube, Yelp y Yammer, entre otras compañías. La imagen central del reportaje, a doble página, muestra al grupo sentado en varias mesas de un bar, en una escenografía reconocible en las películas de Scorsese o en cualquier capítulo de Los Soprano, en la que la docena de amigos mira a cámara y en un lugar central, el sitio reservado para el padrino, lo ocupa, obvio, Thiel. 

Cuando vende PayPal, funda Palantir y comienza la cruzada. La compañía nace ante un impulso de Thiel tras el atentado del 11 de septiembre al sentirse, según apunta Mark Chafkin, “consumido por la amenaza del terrorismo islámico” y escéptico “respecto a la inmigración y todas las demás formas de globalización”. René Girard, después del ataque las torres gemelas, declara: “Lo que todavía necesitamos en la era posterior al 11-S es una ideología más razonable y renovada del liberalismo y el progreso”. Thiel estaba bailando un vals de Strauss. 

Palantir es hoy una mega compañía de espionaje que trabaja con la CIA, los estados federales a quienes ayuda a vigilar a sus ciudadanos y durante todos estos años ha hecho contratos con la práctica mayoría de los estamentos de seguridad de los Estados Unidos, incluida la propia CIA, el FBI y la NSA. Palantir también está en Oriente Medio donde colabora con las fuerzas israelíes para identificar objetivos en Gaza. Es bueno ser cryptobro, pero mejor es ser el Gran Hermano. 

El poder de Thiel en la administración Trump se extiende a través de J. D. Vance, nada menos que el vicepresidente y a todas luces, el hombre señalado a encabezar en un futuro el plan del supremacismo tecnológico. 

Thiel conoció a Vance en Yale cuando fue a participar en un encuentro académico y Vance rápidamente se sintió atraído por el magnate tecnológico y su planteamiento filosófico: es a través del sistema de René Girard que Vance se convierte al catolicismo y, además, converge con la visión de Thiel en la que los jóvenes tienen que crear de manera vertical, disruptiva y no competir absurdamente por un lugar en la línea de montaje del Silicon Valley, tal como plantea en su libro De Cero a Uno. No está de más recordar que Thiel incentiva a los jóvenes con ayudas económicas para que abandonen la universidad y se sumerjan en su propio emprendimiento. Con su talento y la ayuda económica de Thiel, Vance fue elegido senador por Ohio y dos años después, es el número dos del Gobierno de los Estados Unidos. 

Hubo un tiempo en el que Thiel estaba interesado en el seasteading, la construcción de ciudades artificiales en aguas internacionales, una suerte de estados portátiles en medio del océano. También ha comprado tierras en Nueva Zelanda y, según le dijo a Elon Musk, en el caso de que Trump hubiera perdido las elecciones ese hubiera sido su destino. Claro que, aunque el plan está en marcha, siempre hay imponderables que lo pueden hacer fallar. Si eso ocurre, además de una isla libertaria o la granja neozelandesa, también podrá contar algún día con una casa en Marte, zona liberada por Elon Musk, quien, a pesar de todo, no le guarda rencor. Quedan pocos así.

Palantir de Peter Thiel y el fin de la democracia tal como la conocemos

Palantir de Peter Thiel y el fin de la democracia tal como la conocemos

El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones y asesinar a los objetivos.

El historiador económico Karl Polanyi explicó magistralmente en La Gran Transformación que el dilema mercado-Estado, según el cual hay que elegir entre alguno para asignar bien los recursos, es falso. En realidad, los mercados nunca existieron al margen del Estado y, de hecho, fueron creados deliberadamente por su mano; la mayor parte de las veces mediante una violencia sin cuartel contra las clases populares —como ocurrió con los cercamientos de tierras— y las poblaciones indigenas —ya que las instituciones occidentales se abrieron paso en el mundo empujadas por los sables y pólvora de los ejércitos imperiales—. El mercado no es, como dicen los liberales, una institución natural.

Tirando de ese hilo, el historiador Quinn Slobodian describió en Hayek's Bastards una historia muy distinta a la habitual respecto a los orígenes del neoliberalismo. Frente a la narrativa convencional que asegura que el neoliberalismo fue principalmente un proyecto ideológico que quería desregular el mercado —porque, supuestamente, era mejor opción a que el Estado dirigiera la economía—, Slobodian recuerda que los mercados siempre están regulados. El verdadero motivo del neoliberalismo era aislar las decisiones económicas de la voluntad popular, independizarlas a fin de que las pasiones propias de la democracia no interfirieran en la asignación óptima de recursos que facilitarían los mercados.

Palantir, de Peter Thiel, es una empresa tecnológica y una fábrica de armas para las guerras contemporáneas —drones, espionaje digital, inteligencia artificial, etc.— que lleva varios años obteniendo suculentos contratos, sobre todo por parte del gobierno de Estados Unidos

La Unión Europea actual es producto de ese tiempo histórico neoliberal, lo que se expresa con mayor claridad en el carácter antidemocrático del Banco Central Europeo. A pesar de que esta institución es la encargada de gestionar la política monetaria —y, por ejemplo, puede influir en el “precio” de nuestras hipotecas—, en el ejercicio de sus funciones es independiente del poder político y, de hecho, tiene prohibida por ley la financiación directa de los Estados —una opción que era habitual entre los bancos centrales anteriores—. La lógica de fondo es obvia: la gestión de la política monetaria es demasiado importante como para dejarla a merced de los deseos de la ciudadanía; mucho mejor que sean unos tecnócratas los que estén al mando. Esa idea de externalizar la responsabilidad hacia una entidad independiente, aunque pública, estaba en el corazón de las tesis neoliberales y del espíritu de Friedrich Hayek. El resultado no era un súper-Estado, sino, como afirmó Perry Anderson, un infra Estado: uno en el que las instituciones evitan la interferencia popular en los mercados.

Esta tensión entre los deseos de las mayorías y los límites impuestos desde arriba ha sido consustancial a la evolución misma de la democracia. Ya en la antigua Grecia, la disputa entre las facciones radicales —Solón, Efialtes, Pericles— y las conservadoras —Aristóteles, Platón— giraba en torno al alcance del “demos” y a los asuntos sobre los que podía legítimamente decidir; instituciones como el Senado nacieron precisamente del interés aristocrático por frenar las pulsiones populares. El Estado de Derecho moderno es heredero directo de esa tensión: un constructo histórico que canaliza mediante reglas —habitualmente constitucionales— lo que las mayorías pueden o no decidir. Pero no todos los Estados de Derecho son iguales. Autores progresistas como Luigi Ferrajoli defienden la existencia de una esfera de lo indecidible que blinde las libertades personales y los derechos sociales, entendidos como condición necesaria de la democracia misma. Los neoliberales, en cambio, prefieren sustraer del ámbito democrático las decisiones económicas. Lo indecidible, según quién lo defina, protege al ciudadano o lo desarma.

Sin embargo, el neoliberalismo tal y como lo conocimos desde los años ochenta del siglo pasado hasta la crisis financiera de 2008, ha muerto. Lo que le está sustituyendo es, como el propio Slobodian ha venido señalando en sus trabajos más recientes, un populismo autoritario con raíces neoliberales. Se trata de una formación política inédita que articula cuatro elementos: un ejecutivo fuerte dispuesto a intervenir en la economía, un proteccionismo selectivo de corte neomercantilista, una concepción muy restrictiva de los derechos humanos y una oligarquía tecnológica que aspira a fundirse con el aparato del Estado. Conserva el desprecio neoliberal por la soberanía popular, pero abandona su fachada liberal. Y ningún lugar mejor para verlo que en Estados Unidos, donde el neomercantilismo exterior de Donald Trump se ha casado con el liberalismo autoritario de los tecno-oligarcas.

Hace unos días la empresa Palantir, fundada por el multimillonario reaccionario Peter Thiel y ahora dirigida por su igual Alex Karp, publicó un manifiesto terrorífico, si bien meridiano, exponiendo su punto de vista. Palantir es una empresa tecnológica y una fábrica de armas para las guerras contemporáneas —drones, espionaje digital, inteligencia artificial, etc.— que lleva varios años obteniendo suculentos contratos, sobre todo por parte del gobierno de Estados Unidos. Amnistía Internacional ha acusado a la empresa de colaborar en los crímenes de guerra del ejército de Israel, mientras que está acreditada su participación en la guerra en Irán. 

No obstante, no se trata de un fenómeno circunscrito a Estados Unidos. Palantir ha firmado contratos con los ministerios de defensa de Alemania, Francia y Reino Unido, opera incluso en la infraestructura de datos del servicio de salud británico (NHS) y aspira a integrarse en la infraestructura digital de la propia Unión Europea. A ello se suma una dependencia estructural respecto a un puñado más amplio de corporaciones estadounidenses cada vez más alineadas con el proyecto político de Trump y sus aliados tecno-oligárquicos —Peter Thiel, fundador de Palantir, financió con 15 millones de dólares la campaña de J.D. Vance al Senado—. La dependencia tecnológica se convierte así, inevitablemente, en dependencia política.

El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas

El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base. Pero lo que estos tecno-oligarcas quieren es ir más allá, pues su cosmovisión implica también un fuerte rechazo del pluralismo, de la diversidad cultural y de aquellos valores que amenacen el estilo de vida americano. En este sentido, los intereses de estas corporaciones gigantes están perfectamente alineados con los de Donald Trump y su gobierno. Y comparten, asimismo, la idea de que la democracia contemporánea no es compatible con tales aspiraciones; o, como ellos dicen, que la “democracia” solo puede salvarse si se transforma a partir de la integración de estas grandes empresas tecnológicas en el corazón del Estado, y se emplea una intervención militar más activa tanto en el exterior como en el interior —estas tecnologías también se están aplicando en la identificación de migrantes indocumentados en el contexto de la política anti-inmigración de Estados Unidos—.

El desafío es enorme, y sin embargo apenas forma parte de la conversación política cotidiana. Desde luego, podemos decir que está en juego la soberanía europea, debido a la dependencia tecnológica respecto a una élite tecno-oligárquica asentada al otro lado del Atlántico y cada vez más entrelazada con el aparato de poder estadounidense. Pero también está amenazada la democracia tal y como la hemos conocido. Si Europa no articula una respuesta estratégica que recupere capacidad soberana en los sectores críticos —energía, defensa, datos, infraestructura digital, inteligencia artificial— y que, al mismo tiempo, reafirme ese núcleo indecidible de derechos que Ferrajoli identificaba como condición de posibilidad de la democracia, el riesgo es evidente: una deriva sostenida hacia regímenes autoritarios de nuevo cuño, ya no basados en el terror en clave fascista sino en una vigilancia algorítmica omnipresente, en la identificación automatizada de disidentes y migrantes, y en una arquitectura de control ciudadano operada por corporaciones privadas cuyos dueños desprecian abiertamente el pluralismo. 

Conviene insistir en una cosa central: esto no pertenece a una distopía lejana. En efecto, los sistemas ya están funcionando en Gaza, en Irán, en el Canal de la Mancha y en los hospitales británicos. La tensión que describieron Polanyi y Slobodian —entre mercado y democracia, entre soberanía popular y aislamiento tecnocrático— entra así en una fase nueva y cualitativamente más peligrosa. El neoliberalismo sustraía la economía al juicio de la ciudadanía. Lo que viene pretende sustraer al ciudadano mismo.

El autor es economista y fue ministro de Consumo del Gobierno de España desde enero de 2020 a noviembre de 2023.