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Tricampeones sin cancha: les donaron US$50.000 para construirla pero la Ciudad demora el trámite

Tricampeones sin cancha: les donaron US$50.000 para construirla pero la Ciudad demora el trámite

Los chicos de La Carbo FC –del barrio popular junto a las vías del tren en La Paternal–practican en una calle interna que también funciona como estacionamiento, entre operativos policiales. La ONG que sostiene al club consiguió financiamiento privado para levantar una cancha reglamentaria pero el expediente que debe abrir el Gobierno porteño nunca arranca.

Cada lunes, martes y jueves, de 18 a 20, una calle interna de La Carbonilla –en La Paternal– que es, en simultáneo, un estacionamiento, se convierte en cancha de fútbol. Pese a los obstáculos, La Carbo Fútbol Club, que no puede jugar de local, lleva ganando tres campeonatos consecutivos en la Ciudad. Durante las prácticas, los arcos se arman sobre el asfalto. Los padres se plantan en los costados como vallas humanas para evitar tragedias, frente a autos que no dejan de circular. Siempre hay algún vehículo estacionado en el medio del espacio. Y es habitual que se generen peleas o irrumpan operativos policiales, como ocurrió el pasado 14 de mayo.

Ese jueves se desplegaron más de 1.500 agentes en las 15 principales villas de la Ciudad, en el marco del Operativo Tormenta Negra. En La Carbonilla unos 150 efectivos armados, con escudos y en motos, atravesaron entre niños la cancha en pleno entrenamiento. Muchos chicos corrieron, otros se quedaron paralizados. “Fue muy traumático ver semejante despliegue de patrulleros, los chicos tienen mucho miedo y no se lo merecen”, narra Jesús Antonio, referente de las familias del barrio, padre de uno de los 70 niños que compiten en La Carbo FC.

La Carbo FC nació hace una década, con la primera escuelita deportiva en el barrio. En 2021, Tejiendo el Barrio se sumó al proyecto y lo fortaleció con equipamiento, gastos y estructura institucional. Desde entonces, son tricampeones. Ahora, tras el último operativo, esta asociación civil, que se ocupa de mejorar el desarrollo de barrios populares, dio a conocer una demanda que tienen hace tiempo: consiguieron el financiamiento para construir una cancha reglamentaria bajo el viaducto del San Martín pero, según denuncian, el Gobierno de la Ciudad no inicia el trámite burocrático que no le costaría dinero al Estado.

“El año pasado perdimos US$35.000 de una marca deportiva internacional que quería construir la cancha, y perdimos esa oportunidad porque se demoró el trámite”, lamenta Rodrigo Karasik, presidente de Tejiendo el Barrio. “Ahora tenemos comprometidos alrededor de US$50.000 de empresas privadas. Lo único que necesitamos es el terreno, que no tiene valor comercial porque está debajo del viaducto San Martín, que sólo se tiene acceso a través de la villa. No tienen que gastar un peso, nosotros nos encargamos de todo. Lo único que nos dicen es que 'no están dadas las condiciones políticas' para esto”, explica el referente de la ONG que ya ha hecho obras en otros barrios.

Durante el Operativa Tormenta Negra, agentes motorizados y armados atravesaron la cancha en medio de una práctica.

elDiarioAR consultó al Gobierno de la Ciudad por el estado del pedido, pero hasta el momento no hubo respuesta.

El mismo viaducto, otra ciudad

El terreno que reclaman no es una excepción dentro de la Ciudad. Es la parte que sobró. El viaducto del San Martín, inaugurado en 2019, elevó las vías a lo largo de cinco kilómetros entre Palermo y La Paternal y generó, debajo, más de 48.000 metros cuadrados de espacios nuevos. En diciembre de ese año, un día antes del recambio presidencial, la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) concesionó por 30 años los tramos mejor ubicados: la firma Directos Pacífico S.A. pagó $768 millones por los sectores Corrientes-Córdoba y Playa Ferroviaria Palermo, y Espacios Estrella S.A., 144 millones por el tramo de Warnes, según los registros del Observatorio Metropolitano del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo. Hoy, bajo esos arcos funcionan bares, restaurantes y locales comerciales.

Autos estacionados interfieren los entrenamientos de La Carbo FC

El tramo que bordea La Carbonilla, en cambio, quedó vacante ya que nadie ofertó por un espacio al que solo se accede caminando por la villa. Mientras del lado de Palermo el bajo viaducto se llenó de mesas y pizarras con menús, del lado de La Paternal crecen pastizales y circulan roedores. Ese es el lugar donde Tejiendo el Barrio quiere construir la cancha con vestuarios y baños, con fondos que ya están comprometidos. Lo único que falta, insisten, es que la Ciudad abra el expediente para pedirle la cesión del terreno a Nación.

“Nos parece un despropósito que se pierdan inversiones privadas destinadas a generar infraestructura social por cuestiones burocráticas”, resume Karasik.

Más operativos, menos urbanización

Karasik cuenta que la propuesta concreta se presentó durante la administración actual, que las primeras reuniones fueron positivas y que siempre les dijeron que el proyecto era interesante. El paso siguiente, iniciar el trámite, nunca llegó. “Nuestra percepción es que hubo un cambio de enfoque hacia los barrios populares. La gestión considera que las políticas anteriores fueron equivocadas y adoptó una mirada mucho más centrada en la seguridad”, señala.

Tormenta Negra fue el primer operativo simultáneo en las 15 principales villas porteñas e incluyó drones, perros K9, dos helicópteros y el vehículo blindado “Fénix”. Jorge Macri lo supervisó desde el Centro de Monitoreo Urbano y dijo que el objetivo es “proteger el estilo de vida de la Ciudad de Buenos Aires”. Esa misma noche, entrevistado en LN+, el jefe de Gobierno resumió su política de hábitat para las villas: “En la Ciudad no se puede construir más. Si vemos construcciones las demolemos”.

Deudas que se cobran con el techo

La Carbonilla nació con la crisis de 2001, cuando unas 40 familias se asentaron en terrenos ferroviarios junto a la estación La Paternal. Hoy viven unas 4.000 personas en un barrio inscripto en el Registro Nacional de Barrios Populares, donde casi todos los adultos económicamente activos trabajan, en la economía formal o en la informal.

Karasik describe tres problemas que se potencian entre sí. El primero es el retroceso de los procesos de urbanización. El segundo, la caída de los ingresos: muchas actividades informales que permitían subsistir a las familias están siendo perseguidas. El tercero es el endeudamiento con prestamistas vinculados a organizaciones criminales. Cuando las familias no pueden pagar, aparecen mecanismos de presión violentos y muchas terminan entregando el “espacio aéreo” de sus viviendas, es decir, la posibilidad de construir hacia arriba, que esas organizaciones aprovechan para desarrollar negocios inmobiliarios dentro del barrio.

“Hay una sensación de abandono muy fuerte”, agrega el presidente de Tejiendo el Barrio. “Los mismos servicios funcionan de una manera en los barrios formales y de otra muy distinta en los barrios populares. Esa diferencia es percibida por los vecinos todos los días.”

“Para ellos sería cumplir un sueño”

Jesús Antonio, Tony, vive en La Carbonilla desde hace 20 años y cada entrenamiento tiene que avisar a los vecinos que retiren los autos, revisar los carteles con los horarios que él mismo colocó, pararse frente a una moto para que baje la velocidad. “Permanentemente existe el riesgo de que algún vehículo lastime a un chico”, dice. Más de una vez tuvo que detener el juego para que la gente pudiera cruzar por el medio de la cancha.

Su pelea por el club convive con su propia urgencia, ya que trabajó diez años en el Correo Argentino hasta que en 2024 lo echaron. Desde entonces se reinventó como vendedor ambulante en ferias bonaerenses. En varias oportunidades le advirtieron que no puede subir al tren con el carro que usa para transportar la mercadería y, antes que arriesgarse a perderlo, ha vuelto a su casa sin el plato de comida para sus hijos.

La escuelita reúne de manera permanente a unos 70 u 80 chicos. Los lunes hay básquet, los jueves fútbol y los martes la cancha es exclusiva del fútbol femenino. Los que compiten reciben botines, pecheras y equipamiento completo, financiados por las empresas que acompañan a la ONG. Pero el espacio no tiene medidas reglamentarias. El club queda afuera de algunos torneos y está condenado a jugar siempre de visitante.

“Es una lástima porque el club genera mucha identidad barrial. Cada vez que salen campeones organizamos una vuelta olímpica por el barrio y participa muchísima gente”, cuenta Karasik. “Que no puedan jugar de local es una pérdida para toda la comunidad”.

LM/MG

Las terminales de Vaca Muerta: las emisiones que viajan más allá de la cuenca

Las terminales de Vaca Muerta: las emisiones que viajan más allá de la cuenca

Organizaciones ambientalistas junto a la ONG estadounidense Earthworks recorrieron Vaca Muerta, el polo petroquímico de Bahía Blanca y el Golfo San Matías con una cámara que detecta los gases contaminantes. Como en 2023, volvieron a registrar emisiones a lo largo de toda la cadena hidrocarburífera, en un contexto donde el Estado impulsa la expansión de la industria a través del RIGI. .

Respirar en Vaca Muerta: la contaminación del aire en el corazón del petróleo y el gas

Para muchos habitantes de Argentina, lo que suceda en el norte de la provincia de Neuquén, en las localidades petroleras como Añelo, puede quedar un poco lejos. Algo de cierto hay en esa percepción. Entre esa ciudad bajo la que se extiende parte del yacimiento de hidrocarburos no convencionales más importante de Argentina y la Capital Federal hay 1.200 kilómetros de distancia. Mientras que de Bahía Blanca, ciudad portuaria de la provincia de Buenos Aires, distan 640 kilómetros. Sin embargo, el entramado productivo de la extracción y exportación de petróleo y gas no termina en la provincia patagónica. Actualmente existen gasoductos, transportes y refinerías en otros territorios del país que cumplen un rol fundamental en la cadena productiva y que hacen posible que la rueda gire y gire cada vez más. En otras palabras, las terminales de Vaca Muerta van mucho más allá de Neuquén.

En ese contexto, la ONG estadounidense Earthworks trabaja apoyando a comunidades locales para evidenciar la contaminación derivada del petróleo, el gas y la minería, entre otras problemáticas ambientales. Para demostrar la contaminación del aire, la organización captura los gases invisibles al ojo humano a través de una cámara termográfica que también usa la propia industria. Con ese instrumento, Earthworks ha llevado a cabo tres viajes a Argentina en 2019, 2023 y 2026.

Ya en 2023 la cámara de Earthworks pudo capturar emisiones de gases en distintos puntos del yacimiento Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén; en refinerías, centrales termoeléctricas y plantas petroquímicas de Bahía Blanca, y en la refinería de Dock Sud, provincia de Buenos Aires. Este año sumó por primera vez a la provincia de Río Negro, precisamente para medir el nodo del gasoducto en San Antonio Oeste desde donde partirán los caños para alimentar a los dos buques de licuefacción de gas de Southern Energy, que comenzarán a operar a partir de 2027 anclados en el Golfo de San Matías, tan solo a 35 kilómetros de la ciudad turística de Las Grutas.

Junto a otras organizaciones ambientalistas, la ONG llegó antes que los barcos con la idea de establecer una línea de base de emisiones en este punto de infraestructura en expansión que pronto será el corazón de las exportaciones de gas licuado argentino.

“Las organizaciones decidimos ir a hacer una medición actual, que sería el momento cero en el que no están instalados estos proyectos, para en un futuro poder compararlos y así mostrar cómo esto fue alterando la calidad de aire de un ecosistema de alto valor de conservación”, sostiene María Marta Di Paola, miembro de la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas, quien participó de la recorrida con Earthworks. El Golfo de San Matías, donde se instalarán los buques de licuefacción de gas, es un sitio clave de reproducción y cría de ballenas francas australes.

Patricia Rodriguez Apunta la cámara en las costas del Golfo San Matías.

La cámara realizó sus registros desde las playas de “El Sótano” en las orillas de la bahía de San Antonio, en el Golfo San Matías. De esa manera, no se detectaron emisiones. “Ahora está prístino, superlimpio. Veamos cómo está la próxima vez que vengamos”, sostiene Patricia Rodríguez, analista y termógrafa de Earthworks, en referencia a cuando se terminen de concretar las obras para la instalación de los buques de gas natural licuado (GNL).

Emisiones a lo largo de toda la cadena

A diferencia de lo ocurrido en el Golfo de San Matías, el equipo de investigadores sí captó emisiones en su reciente visita a Neuquén y Bahía Blanca, al igual que en 2023. Este año, la captura de imágenes volvió a arrojar resultados. En Vaca Muerta, se capturaron imágenes de emisiones en 14 puntos y en Bahía Blanca y alrededores, en 8 ubicaciones, según adelantó Earthworks en una rueda de prensa, mientras los datos obtenidos están siendo procesados y sistematizados.

Costa del Golfo de San Matías.

Las emisiones pudieron verse, como en los viajes anteriores, a lo largo de toda la cadena de valor, sin variar demasiado entre la infraestructura vieja o nueva. “Las emisiones se dan en todo tipo de infraestructura: vieja, nueva, es decir, no hay mucha distinción. Tal vez en las viejas puede haber más fugas por algún daño en las válvulas, pero con los venteos y con las emisiones parciales de los mecheros, no lo veo muy diferente”, explica Rodríguez.

Además, Rodríguez sostiene que pudo observar la expansión de la industria en comparación con 2023: “Vimos muchas más plantas, pozos, gasoductos, oleoductos, anacondas, camiones, mucha más presencia de todo lo que tiene que ver con la expansión de la infraestructura. Eso no era tan visible en 2023 y ahora está en todo el lugar. Claramente es una industria que está en expansión”.

En Bahía Blanca, las organizaciones recorrieron el polo petroquímico que abarca las localidades de Ingeniero White, Cerri y Puerto Rosales, donde se reciben, procesan y exportan el petróleo y el gas de la provincia de Neuquén. 

Di Paola, de la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas, explicó el objetivo del viaje a la zona: “Nos interesaba conocer qué pasa donde procesan todo lo que se extrae de Vaca Muerta”. En ese sentido, remarcó la importancia de visibilizar las emisiones que ya suceden en esos puntos de la provincia de Buenos Aires: “Siempre se habla de Vaca Muerta, y hablamos de lo que va a pasar en el Golfo San Matías, pero ya hay algo que está sucediendo hace muchísimos años en Bahía Blanca. Entonces, nos parecía importante incluir esa historia en el relato”.

En Bahía Blanca y alrededores se detectaron emisiones en 8 ubicaciones,

Los instrumentos para evidenciar lo invisible

Earthworks trabaja con una cámara de imágenes ópticas de gas (conocida como OGI, por sus siglas en inglés), un instrumento fabricado por la compañía FLIR y utilizado también por la propia industria petrolera. Con esa cámara viajan a distintos sitios para medir los gases emitidos a la atmósfera por la explotación convencional y no convencional de hidrocarburos en Estados Unidos y países como México, Colombia, Brasil y Argentina.

A simple vista la cámara podría confundirse con una grabadora de video de los años 90. Sin embargo, tiene la capacidad de llegar a temperaturas criogénicas (200 o 300 grados bajo cero) para poder capturar, con distintos filtros espectrales, las emisiones invisibles al ojo humano. Detecta hasta 20 gases, entre ellos metano, benceno, tolueno, propano y butano.

Earthworks trabaja con una cámara de imágenes ópticas de gas para medir los gases emitidos a la atmósfera por la explotación convencional y no convencional de hidrocarburos.

“Ya hace 12 años que estamos haciendo este trabajo porque se nos ocurrió la idea de que, si podemos evidenciar la presencia de gases de efecto invernadero y otros gases nocivos para la salud con las imágenes que tomamos, junto con las comunidades, podemos generar cambios y reducir las emisiones de metano vía presiones de la sociedad civil”, explica Rodríguez en diálogo con Climate Tracker América Latina.

Sin embargo, la cámara tiene limitaciones: no cuantifica. “Nosotros no usamos la cámara para cuantificar, la usamos para decir 'aquí hay un problema, ¿qué vamos a hacer?'”, aclara. Además, las muestras que puedan tomarse solo reportan que en ese momento y lugar hubo una emisión, pero no dan cuenta de algo sostenido en el tiempo. 

Cámara y satélite: lo que se complementa

Las imágenes satelitales, muy utilizadas como herramientas de medición de emisiones, también tienen sus limitaciones. Según Rodríguez, “hasta ahora lo que capturan son lo que se llaman 'supereventos', que son liberaciones masivas de metano. Pero no son todas, porque uno puede estar en terreno viendo con la cámara algo que está súper mal, pero que no sale en las imágenes satelitales, por diferentes razones, como que no tienen tamaño masivo para capturarse desde el satélite, o porque hay muchas nubes o porque hay muchos árboles”.

La diferencia técnica entre ambas es precisa: el satélite puede cuantificar la cantidad de metano liberado, pero solo detecta emisiones masivas (los llamados “superemisores”, que son emisiones de más de 100 kilogramos de metano por hora). La cámara OGI, en cambio, muestra las emisiones en el territorio y geolocaliza la fuente, pero no mide cantidades.

En línea con lo planteado por Rodríguez, un informe de 2026 del Rastreador Global de Metano de la Agencia Internacional de Energía (AIE) analizó las herramientas disponibles para captar las emisiones de gas y planteó que las cámaras OGI tradicionales pueden identificar y localizar con precisión a las fuentes de emisión pequeñas, pero producen visualizaciones cualitativas en lugar de estimaciones cuantitativas de tasas de emisión.

Además, el informe destaca que la detección de metano mejoró notablemente en los últimos años gracias a un mejor aprovechamiento de las redes satelitales existentes y el lanzamiento de nuevos dispositivos. Según la AIE, una gestión eficaz del metano requiere marcos de medición que combinen datos espaciales, aéreos y terrestres, y que tengan en cuenta a los “superemisores”.

Polo petroquímico de Bahía Blanca, donde se procesa parte del petróleo y el gas extraídos en Vaca Muerta.

El metano: un gas de efecto invernadero de corto plazo con efectos a largo plazo

El metano es un gas 80 veces más potente que el dióxido de carbono, aunque permanezca menos tiempo en la atmósfera, por lo que se considera que tiene alto poder de calentamiento, a pesar de ser de vida corta.

Según el citado informe de la AIE, el sector de combustibles fósiles es responsable de alrededor del 35% de las emisiones de metano de origen humano. Sin embargo, el propio organismo sostiene que casi 85 millones de toneladas, es decir, el 70% de las emisiones fósiles de metano, podrían reducirse con tecnología ya existente.

La sección de América Central y del Sur del informe indica que la intensidad de emisiones de metano de las operaciones de petróleo y gas en Argentina y Ecuador es aproximadamente el doble del promedio global. Además, señala que los volúmenes quemados (flaring) en Argentina aumentaron más del triple entre 2015 y 2025.

Emisiones de metano en Argentina

A futuro, las emisiones de metano de Argentina abrirán diferentes escenarios según las políticas que se apliquen. Gabriel Blanco, ingeniero, investigador y coordinador del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía (CTAE) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro, junto con la investigadora Daniela Keesler analizaron cómo serían esas emisiones de metano en cuatro escenarios energéticos proyectados a 2050: un contexto de continuidad del modelo actual; uno de electrificación de los consumos con expansión de energías renovables; uno que propone la incorporación gradual del hidrógeno verde; y un escenario de bioenergía que promueve el uso masivo de biocombustibles.

En Bahía Blanca, las organizaciones recorrieron el polo petroquímico que abarca las localidades de Ingeniero White, Cerri y Puerto Rosales, donde se reciben, procesan y exportan el petróleo y el gas de la provincia de Neuquén. 

La foto del presente ya muestra una tendencia en alza. Según el estudio, “en 2022, las emisiones de metano del sector energético en la Argentina alcanzaron 25.106 ktCO₂e, y se estima que en 2025 estén cerca de las 35.000 ktCO₂e. Es un aumento del 39%, asociado principalmente a la expansión de la producción de gas no convencional en Vaca Muerta”.

Hacia adelante, la diferencia entre seguir con esta tendencia o cambiar de rumbo es enorme. Los investigadores plantearon que “bajo el escenario tendencial, con crecimiento sostenido de la demanda interna y proyectos de exportación, las emisiones podrían escalar hasta 56.300 ktCO₂e en 2050, duplicando las emisiones fugitivas respecto de 2025. En contraste, los escenarios alternativos proyectan emisiones casi nulas (300-400 ktCO₂e), limitadas a la generación eléctrica con biomasa y al uso de biocombustibles”.

Esa caída abrupta no sorprende a los autores: los escenarios alternativos están construidos sobre la premisa de llevar los gases de efecto invernadero casi a cero. Lo importante, según Blanco, es que demuestra que “es posible transformar el sistema (energético) desde lo técnico y lo tecnológico, porque si no se dice todo el tiempo que no se puede. Es cierto que no se hace de un día para otro, pero sí se puede, y eso es fundamental”. Además, el investigador destaca que la salida de los fósiles trae aparejados muchos otros asuntos que resolver según cada tecnología, por ejemplo, el requerimiento de minerales críticos necesarios para la electrificación. 

El análisis concluye que “resulta imprescindible cuestionar la orientación de muchas de las medidas de mediano y largo plazo que organismos internacionales proponen como vía de mitigación. Aun cuando aparecen revestidas de innovación tecnológica o de sofisticación regulatoria, en la práctica refuerzan la misma lógica extractiva y centralizada que sostiene la dependencia de los combustibles fósiles. Se trata de soluciones que ajustan el modelo actual y así extienden su vigencia bajo nuevas formas, en lugar de habilitar un cambio real de modelo energético. Superar esa lógica es una condición indispensable para encarar una transición energética profunda y coherente con los objetivos climáticos”.

La falta de datos, una continuidad

La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) fue una de las promotoras y organizadoras del viaje interprovincial. En diálogo con Climate Tracker, Ariel Slipak, coordinador del área de investigación de la fundación, analizó la problemática de la falta de datos sobre calidad del aire en el país. “No hay mediciones de la calidad de aire rigurosas y sistemáticas. Lo que demuestra el viaje, más allá de las imágenes puntuales, es que hay opacidad”, sostuvo, y agregó: “Los estados nacionales y provinciales no realizan las mediciones. No hay información porque no realizan las mediciones que tienen que hacer”.

Esta problemática, según Slipak, se sostuvo a lo largo del tiempo: “Adrede, a mi juicio, los distintos gobiernos nacionales y provinciales que pasaron no han tomado medidas políticas para que se hagan esas mediciones. Con una actitud complaciente hacia la industria hidrocarburífera, para que no tenga que internalizar más costos”.

Además, el organismo encargado de diseñar y ejecutar las políticas públicas nacionales de desarrollo sostenible, protección de los bienes naturales y lucha contra el cambio climático sufrió una degradación no solo en materia institucional, sino también presupuestaria desde la llegada al gobierno de Javier Milei. Así lo explica el último informe de FARN: “El Ministerio de Ambiente fue reducido al rango de subsecretaría y, durante 2024, su presupuesto registró un recorte real del 79,4% en relación con los fondos ejecutados en 2023. En 2025 el ajuste se profundizó: la Subsecretaría de Ambiente presentó una caída real del 80,8% respecto de 2023. Para 2026, en caso de ejecutarse la totalidad de los fondos previstos, se proyecta una reducción real del 79,6% en comparación con 2023”.

Asimismo, la fundación dimensionó lo que significaba el organismo dentro del presupuesto nacional: “Hacia 2023 el peso del entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible sobre el presupuesto total era de un 0,12%, mientras que para los años de la gestión del actual Gobierno resulta estructuralmente de un 0,03%”.

Patricia Rodriguez utilizando la cámara OGI en Vaca Muerta.

Argentina y sus compromisos climáticos

Argentina suscribió al Acuerdo de París en 2016 a través de la Ley 27.270. En diciembre de 2020, firmó la Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) en la que se comprometió a no exceder la emisión neta de 359 MtCO2e (millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente) en el año 2030, una reducción del 19% respecto al máximo histórico de 2007. Sin embargo, bajo la gestión de Javier Milei, los esfuerzos para alcanzar esa meta se desaceleraron. Durante la COP30 de 2025, Argentina no actualizó su NDC.

“La falta de presentación de la NDC 3.0 no constituye un mero retraso administrativo, sino que simboliza un debilitamiento del compromiso político con la gobernanza climática internacional y profundiza la incertidumbre sobre la trayectoria nacional de reducción de emisiones”, advierte el ya mencionado informe de FARN.

Argentina tiene, además, compromisos internacionales vinculados específicamente al metano. Desde 2018 forma parte de la Coalición Clima y Aire Limpio (CCAC), en la que distintos gobiernos, empresas e instituciones se comprometen a reducir contaminantes de vida corta como el metano y el carbono negro. También integra la Iniciativa Global del Metano (GMI), que fomenta la recuperación y el uso del metano como fuente de energía.

Climate Tracker consultó a la Subsecretaría de Ambiente si había fecha estimada para la presentación de la tercera NDC, que debía realizarse en febrero de 2025 y a qué se debía esa demora. Asimismo, se consultó qué políticas se están aplicando actualmente desde la subsecretaría para reducir las emisiones de metano, y si hay mediciones periódicas o permanentes por parte de la subsecretaría y las acciones que se ejecutan con los datos obtenidos. También consultó acerca de las acciones que se implementan en el marco de los compromisos internacionales firmados. Al cierre de esta nota, no se recibió respuesta del organismo. 

Los subsidios a la expansión: el RIGI y el Super RIGI

En este contexto, surgió el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aprobado por el Congreso Nacional en 2024, que ofrece estabilidad fiscal por 30 años a grandes proyectos de inversión que superen los USD 200 millones. Según Slipak, “el RIGI no es solamente un régimen de incentivos fiscales, cambiarios y aduaneros a grandes proyectos de inversión, sino que también es un régimen jurídico que regula contra el ambiente”. El ya citado informe de FARN, destaca que el RIGI “establece un orden de prioridades en el acceso a recursos estratégicos, como el agua y la energía, favoreciendo a estos emprendimientos por sobre las necesidades de las poblaciones locales”.

Y es que varios de los proyectos que entraron a ese régimen están directamente vinculados a la cadena de Vaca Muerta. Según el informe de mayo de 2026 del Observatorio Rigi: “Entre 2024 y 2026 se presentaron 36 proyectos por más de USD 106.104 millones, de los cuales 30 corresponden exclusivamente a sectores extractivos: minería (20 proyectos) e hidrocarburos (10 proyectos).” En materia de petróleo, el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) fue aprobado en el RIGI en 2025 y conectará la ciudad de Allen, provincia de Rio Negro con una terminal de exportación en Punta Colorada, sobre el Golfo de San Matías, a lo largo de más de 400 kilómetros.

En cuanto al gas, el consorcio Southern Energy ingresó al RIGI en 2025 el proyecto que contempla la instalación de dos buques de licuefacción de gas (Hilli Episeyo y MKII) en la costa rionegrina del Golfo de San Matías, que comenzará a operar en 2027. Asimismo, en junio de este año, ingresó al RIGI al proyecto del Gasoducto San Matías que trasladará el gas desde Neuquén hasta el golfo.

El pasado 8 de mayo, el gobierno nacional anunció el Super RIGI, una versión con beneficios fiscales aún mayores, entre ellos, una tasa de impuesto a las ganancias del 15% en lugar del 25% del RIGI original. El proyecto apunta a inversiones de más de 1.000 millones de dólares en sectores que incluyen GNL onshore y nuevos productos petroquímicos, entre otros.

Mientras tanto, Di Paola asegura que “Vaca Muerta no se podría seguir expandiendo si no tuviera como contracara Bahía. Y está claro que el Golfo San Matías va a ser el nuevo polo de exportación y es la infraestructura clave necesaria para que Vaca Muerta pueda seguir desarrollándose”. Por lo mismo, advierte que “la expansión en la producción de hidrocarburos se va a correlacionar con un incremento de las emisiones de metano”. 

Así, Bahía Blanca, donde la cámara registra emisiones desde 2023, se presenta como una ventana al futuro de lo que podría suceder en el Golfo. Las terminales de Vaca Muerta se siguen expandiendo. Las emisiones, de sostenerse el estado de las cosas, también lo harán.

Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina

Más allá de la grieta: nos une más de lo que creemos

Más allá de la grieta: nos une más de lo que creemos

Un estudio nacional muestra que, pese al clima de confrontación que domina el debate público, existe un amplio acuerdo social en torno a la igualdad de género, la educación sexual y los derechos sexuales y reproductivos.

Muchas veces la sociedad argentina parece polarizada. Las discusiones sociales a través de los medios de comunicación o las redes sociales nos devuelven una imagen de comunidad dividida, separada, como suele decirse, agrietada.

Las agendas de género y derechos sexuales y reproductivos son un tema recurrente de esa maquinaria que no parece tener matices ni visiones atenuadas: la violencia contra las mujeres, la educación sexual integral, el acceso a métodos anticonceptivos o al aborto seguro son temas que aparecen en estas conversaciones desde los extremos y, muy a menudo, cargados de desinformación. En los últimos tiempos, también han sido foco de embates en el discurso oficial.

Desde el CEDES, en articulación con ELA y la colaboración de Luis Costa y Asociados nos propusimos indagar qué piensa la sociedad sobre estas agendas. Desarrollamos el estudio Puntos de Vista sobre Género y Derechos Sexuales y Reproductivos en Argentina para relevar las opiniones de la sociedad argentina sobre temas como las desigualdades entre mujeres y varones, y los acuerdos con causas sociales y con los temas de la agenda de género y derechos sexuales y reproductivos, entre otros.

El estudio aplicó una encuesta en línea a 2000 personas a nivel nacional. Se encuestó a personas mayores de 16 años, representativas de la diversidad de contextos sociales y territoriales de la Argentina.

El principal hallazgo del estudio es que nos muestra una sociedad con amplios y consistentes acuerdos en los temas de estas agendas, una sociedad mucho menos polarizada de lo que suele aparecer en la conversación pública. 

Cinco consensos que emergen del estudio

1. Las desigualdades entre varones y mujeres existen

Seis de cada diez personas consideran que estas desigualdades son grandes o muy grandes y al mismo tiempo, cerca de la mitad percibe que esas desigualdades son menores que hace diez años. Todavía faltan cambios pero hemos avanzado. 

2. La violencia contra las mujeres es el problema más importante

Cuando se pregunta cuál es el principal problema que enfrentan las mujeres en Argentina, la respuesta más frecuente es la violencia en la pareja, seguida por los abusos y la violencia sexual. Esta percepción es compartida por mujeres y varones y concentra mucho más acuerdo que otras problemáticas. Más que un tema de controversia, aparece como una preocupación ampliamente compartida.

3. La educación sexual es una herramienta positiva

Una mayoría valora positivamente que haya educación sexual en las escuelas. El punto no parece ser si debe existir o no, sino cómo se articula con las familias, los docentes y los profesionales de la salud. Y las personas cuyos hijos/as recibieron ESI, están satisfechas con los temas abordados. También reciben una valoración favorable la prevención del embarazo no intencional en la adolescencia y el acceso a información para el cuidado de la salud sexual y reproductiva. Más allá de las controversias políticas que suelen rodear estos temas, la población los valora y asocia con la prevención, el cuidado y las oportunidades.

4. La igualdad entre mujeres y varones es un valor social

Las reivindicaciones vinculadas a la igualdad salarial, la prevención del embarazo adolescente, el acceso a anticonceptivos, la responsabilidad de los varones en las tareas de cuidado, la protección frente a la violencia sexual y el acceso de las mujeres a ámbitos científicos, profesionales y empresariales tienen altos niveles de apoyo. También existe un acuerdo considerable para modificar los plazos de licencia por paternidad: 6 de cada 10 personas consideran que las licencias por paternidad deberían extenderse. Los mayores consensos se observan cuando la igualdad se expresa en situaciones concretas de la vida cotidiana.

5. Conocer historias reales genera empatía

Las personas muestran mayores niveles de apoyo a determinados derechos cuando conocen a alguien cercano que atravesó esas experiencias: quienes conocen a alguien que abortó expresan mayor apoyo a los derechos reproductivos; quienes conocen parejas del mismo sexo muestran mayor apoyo a los derechos de las personas LGBT+. La experiencia cercana reduce distancias, humaniza los debates, amplía la comprensión sobre las realidades de otras personas y construye adhesión a las reivindicaciones.

Nos une más de lo que creemos

En una Argentina acostumbrada a discutirlo todo, hay algo que empieza a quedar fuera de discusión: la igualdad y los derechos ya no pertenecen solamente a una agenda militante. Son parte de lo que la sociedad incorporó, muchas veces sin decirlo demasiado fuerte, pero con bastante más profundidad de la que sugiere el ruido de la superficie. Tenemos un nuevo sentido común compartido alrededor de valores sociales y políticos que construyen ciudadanía y democracia. No es para pasar por alto.

La autora es socióloga e Investigadora titular del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

Murió la periodista Ernestina Pais: su auto fue arrollado por un tren en San Isidro

Murió la periodista Ernestina Pais: su auto fue arrollado por un tren en San Isidro

La comunicadora fue atropellada por una formación del Tren de la Costa. Tenía 54 años.

La periodista, conductora y actriz Ernestina Pais, de extensa trayectoria en los medios audiovisuales, falleció este viernes tras ser embestida por un tren cuando iba a bordo de su auto, a la altura de la localidad de San Isidro, en la zona norte del conurbano.

De acuerdo a las primeras informaciones a las que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas, la conductora -de 54 años- habría cruzado con la barrera baja en el paso ubicado en Sáenz Peña y El Cano, poco antes de las 20.

Así quedó el coche de Ernestina Pais, según difundió la Policía Bonaerense

La formación del Tren de la Costa, que iba en sentido Tigre-Vicente López, impactó de lleno el Honda City que manejaba Pais, del lado de la conductora, quien falleció en el acto.

Por su parte, la fiscal María Paula Hertrig, del departamento judicial de San Isidro, tomó intervención en el caso y ya ordenó el relevamiento de las cámaras de seguridad de la zona, aunque según testigos ocasionales Pais cruzó el paso nivel cuando las barreras estaban bajas. En el lugar del siniestro estuvieron bomberos, peritos y personal policial.

Además, los peritos constataron que la conductora iba sola en su auto, presumiblemente con destino al Multiteatro -ubicado sobre la calle Corrientes en la Ciudad-, donde participaba de la obra “El divorcio del año”, junto a Fabián Vena, Juan Palomino y Guillermina Valdés.

En tanto, su hermana mayor Federica -también periodista- se enteró de la trágica noticia pocos minutos antes de comenzar su programa televisivo en el canal Ar/12.

Una larga trayectoria en los medios

Sus primeros pasos en los medios llegaron como movilera de “La Biblia y el calefón”, el emblemático programa conducido por Jorge Guinzburg, con quien desarrolló una estrecha relación profesional. Más tarde participó en la fundación de la edición argentina de la revista Los Inrockuptibles.

La popularidad masiva llegó a mediados de la década del 2000 cuando se convirtió en una de las caras de “Mañanas Informales”, el exitoso ciclo de El Trece encabezado por Guinzburg. Tras la muerte del conductor en 2008, asumió la conducción del programa.

Además, en 2009 volvió a hacer historia al convertirse en la primera mujer en conducir “Caiga Quien Caiga (CQC)”, reemplazando a Mario Pergolini al frente del tradicional programa periodístico. Su desempeño le valió dos nominaciones consecutivas a los premios Martín Fierro como mejor conductora.

Pais también incursionó en el teatro y en los últimos años se desempeñó como empresaria gastronómica, al tiempo que continuó participando en distintos proyectos artísticos y periodísticos. Y fue madre de Benicio, a quien mencionó reiteradamente como uno de los pilares fundamentales de su vida.

En los últimos años decidió hablar públicamente sobre su lucha contra las adicciones y los problemas de salud mental, relatando los procesos de internación y recuperación que debió atravesar.

Con información de la agencia NA

La novedad permanente

La novedad permanente

El recuerdo sobre la infancia analógica, el aburrimiento como espacio de libertad y la promesa incumplida de la hiperconexión. Entre recuerdos de Sega, Mortal Kombat y noches sin pantallas, una reflexión sobre cómo la tecnología terminó ocupando el lugar del tiempo que alguna vez creímos ganar.

A veces mis hijas, como si fueran arqueólogas de la nostalgia, me preguntan antes de dormirse cómo era mi vida cuando yo tenía su edad. Se hunden en mi memoria para conocer un mundo que no existe más y entonces yo les cuento. Siempre les cuento. “Papi, ¿me contás cómo era tu vida cuando tenías cinco?”, pregunta una, tratando de estirar el tiempo antes de que el día se apague. Y yo le cuento. “¿Y cuando tenías diez?”, quiere saber la mayor, que hace de cuenta que no escucha, pero está ahí prestando atención a todo. Y también le cuento. Les voy dando postales de una infancia que queda cada vez más lejos. Para ellas soy prehistórico; crecí en el siglo pasado, en una ciudad del interior que entonces era un pueblo al que no llegaba nunca nada y las novedades eran algo que estaba reservado para Buenos Aires. 

Antes de contarles, pienso con nostalgia en el fin de la era del aburrimiento y cómo todo se está volviendo insoportable. Pensar en nada se convirtió en algo inalcanzable, un deseo a la altura de volar o de ser inmortal. Algo que no existe y desvela a toda la humanidad; una utopía. Los días de no hacer nada se terminaron para siempre. Mirar el horizonte, caminar sin rumbo, perderse en un atardecer o desafiar al apuro y a la urgencia para colgarse sin hacer nada. Dos minutos, diez, quince. Lo que fuera. Hoy es imposible. 

Pero no siempre fue igual.

Pensar en nada se convirtió en algo inalcanzable, un deseo a la altura de volar o de ser inmortal. Algo que no existe y desvela a toda la humanidad; una utopía. Los días de no hacer nada se terminaron para siempre

Yo tendría diez años. Viajaba mucho a Buenos Aires, a visitar a mis abuelos o a mis primos. De todos ellos tengo algún recuerdo, pero con Pablo —el mayor de todos los primos—, buscábamos siempre alguna excusa para que durmiera en su casa y nos quedábamos hasta cualquier hora viendo cosas nuevas en la tele o películas que no existían en el videoclub de mi pueblo y él me las enseñaba. Absolutamente siempre tenía una novedad, Pablo. A guita de hoy, era un geek o un techie o la palabra que se use en este momento para describir a un pibe que tiene todas las novedades antes que nadie. Yo cruzaba la puerta para entrar a su cuarto y me sentía Marty McFly cuando en la segunda película de la trilogía viaja al futuro y nada se parece a su vida ordinaria. Videojuegos, películas, joysticks, pantallas, CD’s, cartuchos, consolas: todas las cosas nuevas estaban siempre antes en su casa, como si nacieran directamente adentro de esa habitación alfombrada. Rogaba porque nunca se terminaran los días y las noches que compartía con mi primo siete años mayor, pero en algún momento sonaba el bocinazo del Dodge de mi viejo para volver a mi casa larga distancia. Pasábamos cualquier cantidad de horas en la ruta, cruzando kilómetros y kilómetros sin nada, hasta encontrar a mis amigos infantiles que me rodeaban para que les contara. Cuando por fin llegaba, me iba directo a verlos, sin hacer ni una escala en casa. Y ahí estaban: hacían un silencio que todavía puedo escuchar mientras yo les contaba. Volvía con la novedad y la urgencia, y me fascinaba verlos abrir los ojos y las bocas, incrédulos, como si mis palabras les trajeran un pedazo de un futuro lejano e inabarcable para su imaginación. A la vuelta de uno de todos esos viajes les conté que mi primo me había hecho jugar a un jueguito de pelea que se llamaba Mortal Kombat, donde podías arrancarle la cabeza a tu enemigo y me trataron de mentiroso. Nunca los había visto así.

—¿Y podemos jugar ahora? —quiso saber el Tomi, envuelto en su ingenuidad infantil.

El Sega era una novedad incluso en Buenos Aires, así que era imposible encontrarlo en mi pueblo. Pero enseguida le buscamos la vuelta y nos pusimos a inventar un Mortal Kombat de cartón, con personajes que articulaban sus brazos y sus piernas, incluso. Estuvimos una tarde entera pintando y poniéndoles nombres a los muñecos, porque yo no me acordaba más que de Sub Zero. A decir verdad, la pasé mejor jugando a inventar con mis amigos que escondido del sol atrapado con los jueguitos en la pieza de mi primo Pablo en Buenos Aires. “El Mortal Kombat de cartón duró un par de semanas, no me acuerdo por qué lo reemplazamos, creo que por la Copa América del 93”, les digo a mis hijas, que sospecho que ya no me escuchan porque se durmieron. 

Me freno ahí. Necesito googlearlo: ¿en qué año pasó esto? Tengo la necesidad de saber qué nene era yo entonces; ¿tendría nueve? ¿Once? No tengo idea. Entonces agarro el teléfono y cuando quiero abrir Google para escribir “Mortal Kombat fecha de lanzamiento” en el buscador, aparece la notificación urgente y parpadeante: hay una nueva actualización para el sistema operativo de mi celular que promete que va a revolucionar la forma en que nos vamos a comunicar desde ahora. “Lleva la comunicación a otro nivel: habla con naturalidad con la nueva IA de Siri”, me propone la pantalla que, ahora que la miro bien, tiene el vidrio marcado por algún golpe que no tengo idea cuándo fue. 

Rechazo el intento, solo quiero saber en qué fecha pasó algo sin sentido, hace más de treinta años. Toco cancelar y me advierte, como cuando mi vieja me preguntaba si estaba convencido de salir con poco abrigo: “¿Estás seguro de que querés perderte las novedades que la nueva IA de Siri tiene para vos?”.

Me tomo el tiempo de pensar en la pregunta mientras escucho el cambio de ritmo en la respiración de mis hijas, que confirma que ya se durmieron. Como si no supiera que es retórica, nomás. “¿Estás seguro?”, me torea. Sí: estoy convencido de no necesitar ninguna nueva versión de nada que me haga hablar con naturalidad con algo que no existe. 

Quizás sea por estar llegando al punto de la vida donde comienza la bajada, pero solo quiero eso: poder googlear algo e irme a dormir. Nada más que eso. La cosa a disposición de uno y no al revés. Siento algo parecido a la nostalgia, añoranza de un tiempo donde todo estaba por suceder. Donde todavía podíamos decidir cuándo y cómo aburrirnos. 

Quiero ir de un lado a otro de la ciudad sin preguntarle al waze qué camino agarrar para tardar siete segundos menos. Segundos que voy a perder mirando algún reel bajo la lógica del clickbait o la polémica o lo que fuere que esté de moda según un algoritmo que, a esta altura, nadie sabe ni quién maneja ni cómo se comporta.

Estamos ahí, pero no estamos. Todos lobotomizados en el scroll infinito, en la vidriera de estupideces más grande y menos inocente que alguna vez los humanos tuvimos frente a nuestros ojos

Quiero poder salir a caminar cuando se me ocurra y no cuando me llegue la notificación que dice que hace mucho tiempo que estoy sentado sin moverme. 

Quiero volver a acordarme cuándo vencen las cosas que tengo que pagar o cuáles son los números tengo que marcar para poder hablar con mis amigos. 

Quiero juntarme a pasar tiempo sin que nadie diga: “Viste el video ese que…” y todos saquemos los teléfonos al mismo tiempo y de repente estemos todos mirando para abajo en silencio. 

Estamos ahí, pero no estamos. Todos lobotomizados en el scroll infinito, en la vidriera de estupideces más grande y menos inocente que alguna vez los humanos tuvimos frente a nuestros ojos. Y sin embargo, no salimos, no queremos, no podemos, no sabemos: scroll infinito, como perros que buscan morderse su propia cola persiguiendo algo que no existe.

Vuelvo a veces con la memoria a los días en que jugaba con mi primo Pablo al jueguito más nuevo de todos. Había un tiempo para eso, pero también había un tiempo para reírnos mirándonos a los ojos. Para que no exista nada más que pasarla bien compartiendo el momento, sin que nada ni nadie nos golpee la puerta de la urgencia. No nos faltaba el aire cuando se cortaba la luz ni dependíamos de estar conectados para ser. Éramos así, sin nada.

Y esta noche, cuando mis hijas vuelvan a querer estirar el tiempo antes de dormirse y me pregunten cómo era mi vida cuando tenía su edad, les diré que hubo un momento, hace algunos años, donde podíamos simplemente estar haciendo una sola cosa a la vez. Que caminábamos mirando para adelante y si hacíamos contacto visual con alguien nos decíamos buenos días, buenas tardes, buenas noches. Y que esa monotonía de los años analógicos nos llevó a la búsqueda de la hiperconexión permanente. Y que ahora, que por fin lo logramos, estamos empezando a sentir nostalgia por los tiempos donde todo costaba un poco más. 

Y, para ser sincero, les diré que no estaba tan mal. 

NM/MG